Por: Jean Carlos Pinoargote Loor
En un giro inesperado, la Uleam ha decidido expandir sus horizontes, pero no de la forma que los estudiantes esperaban. Tras una reorganización audaz de sus instalaciones, los estudiantes como Jhon Peñafiel y Luis Burgos, que anteriormente luchaban contra la incomodidad y la indignación, ahora enfrentan un nuevo desafío, un vasto espacio de estacionamiento de motos que ha crecido como un campo de batalla polvoriento.
Lo que alguna vez fue un problema de espacio se ha encontrado una solución, pero, «de nada sirve que traiga limpia mi moto, ya que una tarde estacionada es suficiente para que tenga una capa de polvo», afirmó Peñafiel. Este nuevo espacio para estacionar, ubicado en la puerta dos de la Alma Mater, ha dejado a las motos vulnerables a los estragos del tiempo que está en el estacionamiento y el riesgo constante de daños, convirtiéndolo en un escenario desafiante.
La expansión, aunque apreciada por algunos, ha traído consigo una metáfora palpable. Las motocicletas, antes amontonadas unas sobre otras, se enfrentan a una lucha constante por su integridad. Luis Burgos compartió su experiencia, «esta semana dejé mi moto estacionada y cuando terminé clases y fui por ella, la encontré con una guía rota esto me indigna, ya que, al no haber suficiente espacio, hay otros estudiantes que sin importarles las golpean y maltratan para sacar sus motos de esa montonera». El caos y la nube polvorienta son testigos mudos de esta batalla cotidiana.
Este nuevo capítulo en la vida universitaria es perfecto para la lucha diaria de los estudiantes por encontrar su lugar en un mundo en constante evolución. Aunque el espacio de las motos se ha expandido, el polvo continúa siendo un enemigo implacable que los estudiantes deben enfrentar. En esta encrucijada, la comodidad y la protección de sus medios de transporte están en juego, mientras esperan ansiosamente una solución que les permita navegar por un territorio más limpio y seguro en su travesía académica.





