Por Josthin García
La parroquia Tarqui, un lugar lleno de historia, cultura y tradición, celebró con entusiasmo su aniversario número 96. Cada nueve de octubre, sus calles se visten de alegría para recibir a vecinos y visitantes que se reúnen en torno a la fe y la identidad del lugar. Con una programación que incluyó actividades cívicas, religiosas y artísticas, la comunidad conmemoró un año más de vida parroquial, reafirmando su orgullo, sus raíces y el espíritu de unión que la caracteriza.

Margarita García, presidenta de la Junta Cívica de la parroquia, destacó la importancia de mantener vivas las festividades que identifican al sector. “Queremos conservar nuestras tradiciones, aquellas que han ido fortaleciéndose poco a poco desde el terremoto, con la ayuda de todos los vecinos”, recalcó.
Una de las principales jornadas de las festividades, como cada año, fue la participación activa de las instituciones educativas, autoridades, vecinos y visitantes. Los desfiles cívicos llenaron las calles, mientras que la elección de la reina se convirtió en uno de los eventos más esperados por los habitantes.
La gastronomía no se quedó atrás. Los visitantes disfrutaron de platos típicos como el seco de gallina criolla, la tonga, los corviches y el tradicional ceviche, preparaciones que evocaron el pasado pescador de la parroquia y la sazón auténtica de su gente. Cada receta guarda una herencia familiar que se mantiene viva en cada celebración, convirtiendo la comida en un símbolo de identidad y orgullo tarquense.
Las festividades también representan una oportunidad para los comerciantes locales, quienes aprovechan estos días de celebración para ofrecer sus productos y fortalecer la economía del sector. La llegada de visitantes y el ambiente festivo impulsan las ventas y reaviven negocios tradicionales que forman parte del patrimonio cultural del lugar.
“Durante las festividades de la parroquia, los colegios desfilan presentando amorfinos y bailes. Yo llevo muchos años vendiendo ceviches; ya las personas cono

cen mi negocio. Lucho bastante, porque es una tradición familiar que nos dejó mi esposo, a mis hijos y a mí”, enfatizó Janet Chóez, una comerciante que día a día se enfrenta a las problemáticas del sector.
Lida Macías, coordinadora de la iglesia Nuestra Madre del Rosario y parte de la directiva de la escuela Ramón Virgilio Azúa, destacó la importancia de los juegos tradicionales durante las festividades. “Estos juegos y bailes no solo son diversión, también son una forma de mantener vivas nuestras tradiciones”, afirmó.

Durante las celebraciones, la seguridad fue un aspecto fundamental para el desarrollo de las jornadas cívicas. “La seguridad es fundamental para que todos puedan disfrutar con tranquilidad. Me alegra ver que cada año la comunidad colabora un poco más con las actividades, lo que ayuda a que todo transcurra de manera ordenada”, añadió Macías.
En el ámbito educativo, temas como la historia, la cultura y las tradiciones de la parroquia son esenciales para los niños, con el fin de mantener viva la esencia de Tarqui. De esta manera, generación tras generación, se asegura que las raíces, los valores y la identidad del sector continúen fortaleciendo la unión y el orgullo de sus habitantes. “Los estudiantes deben demostrar sus valores desde casa, porque es en la familia donde se aprende a respetar y convivir con los demás”, aseveró Macías.






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