La madrugada todavía se arrastraba cuando la alarma resonó a las cinco. El sueño pesaba en los ojos, pero la emoción y las ganas corría más rápido que el cansancio. Entre taza de café, ropa deportiva sobre las cama y respiraciones apresuradas, comenzó el viaje hacia San Mateo para participar en una nueva edición del Trail Run La tiñosa. A las cinco y media, el ambiente ya hervía de nervios y entusiasmo, algunos participantes realizaban estiramientos alejado en silencio, mientras otros conversaban intentando ocultar la tensión previa a la carrera. El aire fresco de la mañana mezclado con la brisa del mar, acompañaban el inicio de una jornada marcada por el desafío y la resistencia.

Con la luz del sol iluminando el paisaje, inició el calentamiento general antes de la competencia. El estiramiento del cuerpo, las conversaciones agitadas y el sonido de las pisadas acompañaban a los corredores. A las siete y media salieron los corredores de 14K y cinco minutos después la distancia de 8K, ambas distancias eran exigencia pura. Los corredores comenzaron a atravesar senderos cubiertos de polvo, arena y piedras, mientras las lomas parecían extenderse interminablemente frente a ellos. El sudor empezó a recorrer los rostros y el calor envolvió poco a poco el camino, aumentando el desgaste físico de los participantes. A pesar del cansancio, ninguno paraba el ritmo, la adrenalina y el entusiasmo colectivo mantenían viva la carrera entre las montañas.
—Uno de los momentos más difíciles fue al llegar a la arena, aseguró joven deportista. El mar golpeaba suavemente la orilla mientras los corredores aprovechaban para hidratarse antes de continuar la ruta. Sin embargo, al atravesar unas piedras cercanas a la playa, la marea comenzó a subir y el agua terminó ingresando dentro de los zapatos. La arena húmeda se pegó a las piernas y cada paso se volvió más pesado. Durante el recorrido, algunos participantes compartían palabras de ánimo para mantener el ritmo.

Después de varios kilómetros de esfuerzo, la meta apareció frente a los corredores entre aplausos, fotografías y música. Algunos llegaron con evidente agotamiento, mientras otros levantaban los brazos celebrando haber completado el recorrido. Naomi Valdéz, quien participó por primera vez en esta competencia, exclamó mientras recuperaba el aliento:
—Fue mi primer Trail Run y fue muy divertido. La verdad, sí lo volvería a hacer.
Las medallas entregadas al finalizar se convirtieron en símbolo del esfuerzo y la resistencia de los participantes. Entre abrazos, agua fría y sonrisas, el Trail Run La tiñosa volvió a reunir a corredores aficionados y experimentados en una jornada marcada por la adrenalina, el compañerismo y el desafío de conquistar las montañas.





