Por, Alejandra Pinargote
En el corazón de Portoviejo, emerge la clínica Santa Margarita como una Guía de esperanza y confianza para quienes buscan dar a luz a sus pequeños tesoros. Este recinto, más que una institución de salud se alza como un santuario de cuidados excepcionales y amor, dedicado a la nueva vida que está por llegar.
Stefania Cedeño, familiar de una de las pacientes que ingresa a la clínica Santa Margarita fue como adentrarse en un jardín de promesas cumplidas. En cada rincón se respira la certeza de que aquí, cada madre es tratada con el respeto y la delicadeza que merece», añadió emocionada.
«Es como si cada enfermera y médico llevara en sus manos la capacidad de brindar consuelo y confianza en cada paso del proceso», puntualizó Juan Domo, esposo de la paciente Ana Díaz.
Es en este espacio donde las paredes parecen tejer historias de valentía y amor, donde el personal médico se convierte en arquitecto de los sueños de muchas familias. La clínica Santa Margarita no es solo un centro de salud, sino un rincón donde la vida se celebra en su máxima expresión.
En cada sala de parto, la experiencia se transforma en un ritual sagrado, donde las vidas entrelazadas de madre e hijo se convierten en un poema de nuevos comienzos. Las manos expertas y el corazón compasivo son el sello distintivo de este hogar de nacimientos.
En la clínica Santa Margarita, no solo se elige un lugar de nacimiento, se genera un espacio donde los sueños de una nueva vida encuentran tierra en la cual enraizar.





