Por: Mauricio Mendoza
El despertador sonó antes del amanecer en aquella fresca mañana del 08 de octubre, la emoción en la casa era palpable, pues se acercaba uno de los eventos más esperados del año: nuestro viaje anual de feriado. Mi familia, compuesta por mis padres, prima, hermana mayor, el hijo de mi prima, siempre tenemos unos 3 días al año para escapar de la rutina y explorar nuevos horizontes juntos. Este año, nuestro destino era Quito, un lugar que siempre está en nuestra lista de destino durante los feriados largos.
El proceso de preparación de un viaje familiar no es tarea fácil, especialmente con un padre tan perezoso como el mío. Desde empacar la ropa, los abrigos y revisar que no nada importante se llegue a quedar la logística tomo solo 2 días ya que Rolando Mendoza conductor y el responsable de llevarnos a nuestro destino tenga el vehículo en buen buenas condiciones mecánicas y que no tenga obligaciones pendientes en su trabajo.
“Elizabeth Mera el copiloto de este viaje le recordó a mi hermana Gloria que tuviera su ropa guardada en las maletas, pero ella tenía muchas dudas de este viaje, no sabia si quedarse en casa por sus obligaciones académicas o llevar su laptop y estudiar desde la cuidad donde nos vamos a quedar y al final decidió ir con nosotros y salir de la típica rutina de una semana laborable.
El día antes de partir fuimos a recoger al hijo de mi prima Mauricio Cantos, estaba muy emocionado de ir a esta aventura ya que él había hecho sus tareas de la escuela y asistido a sus particas de voleibol, con toda algarabía que caracteriza a un niño fue a arreglar sus maletas y a despedirse de sus papas y hermano menor pero antes le dieron unos consejos de cómo se debe comportar mientras estaba bajo nuestro cuidado.
El día llego eran las siete de la mañana todo estaba listo y como el tiempo es oro nos acomodamos en el carro familiar la emoción estaba a flor de piel y mientras la brisa de la mañana nos pegaba en la cara se comenzaba una emocionante aventura llena de experiencias y recuerdos gratos, la primera parada de la travesía fue el desayuno en una cafetería con preparaciones autóctonas de Manabí el conductor y la copiloto fueron los primeros en bajar para apartar una mesa ya que el lugar estaba lleno de viajeros intrépidos que salían de su zona de confort.
La Mesera Johanna Intriago ratificó que el restaurante estaba lleno desde el momento que comenzó su jornada y nos Describió el menú que tenían disponibles bolones de verde hasta un tradicional café pasado bien caliente.
Los platos pasaban y Gloria Mendoza se quejaba que no llegaba su jugo de naranja mientras el resto de los ocupantes disfrutaban su comida, una vez que se pago la cuenta seguimos en marcha ya que aun faltaba mucho para llegar, mientras una relajante música sonaba todos comenzamos a contar anécdotas y actividades que se realizó durante los días previos, el viaje avanzaba y el destino ya estaba más cerca, comenzamos a estudiar las rutas que había que tomar para llegar a la capital para evitar atrasos y atascos de tráfico.
El paisaje comenzó a cambiar al momento de subir la cordillera dejamos de ver palmeras y platanales para ver pinos y muchos pastizales, el clima cambió de estar con nublado con un resplandor agradable con mucha bruma y lluvia ligera que entorpecía la vista del conductor y ponía a prueba sus dotes en el volante,
Llegamos a la cúspide de la cadena montañosa donde yacía un sol radiante y se apreciaba el extenso valle interandino que caracteriza el sur de la provincia de Pichincha, Patricia Macias una de las ocupantes describió que este paisaje es como una alfombra verde que cobija nuestro bello suelo patrio mientras tomaba fotografías para el recuerdo.
Vimos como un gran distributor de tráfico nos indicaba que ya estábamos muy cerca de nuestro destino la emoción nos erizaba la piel esas ocho horas de travesía valió la pena y unos kilómetros más adelante se comenzó a sentir el trafico agitado que caracteriza la carita de Dios, una vez dentro del casco urbano se comenzó a usar los mapas digitales para buscar el lugar que será la casa por los siguientes días.
Una vez que llegamos al lugar establecido descendimos del vehículo para estirar las piernas y comenzar a bajar nuestro equipaje, ya establecidos en la casa comenzamos a planear los lugares que íbamos a recorrer dentro y fuera de la cuidad y mientras las palabras iban como el viento uno de los viajeros estaba con hambre, una vez escuchado su demanda fuimos a un famoso restaurante de comida rápida que no hay en su ciudad natal.
Después de comer recorrimos la cuidad disfrutamos de sus atractivos, tomamos fotografías y probamos sus dulces típicos, Elizabeth Mera afirmó que Quito es una ciudad de contrastes donde se mezcla su rica historia colonial hasta la modernidad que caracteriza las grandes urbes de América Latina con edificios que destacan en su arquitectura y opulencia.
Después de todas estas actividades y una fiesta a la que fuimos invitados llegó la hora de regresar a nuestro hogar, después de mucha diversión, fotos y anécdotas eran el momento de volver y como una estrella fugaz en el firmamento un deseo cumplido que era de pasar momentos felices en familia y a futuro planear un viaje más grande y con mas días para disfrutar lo que nos ofrece está hermosa región andina y sus diferentes pisos climáticos.
El viaje no solo fue una oportunidad para explorar una nueva cultura y un hermoso rincón del Ecuador, sino que también fortaleció nuestros lazos familiares. Durante nuestras caminatas por los parques andinos y nuestros momentos de relajación en los hermosos pastizales, compartimos historias, risas y reflexiones profundas. La distancia y las distracciones diarias quedaron atrás, y nos reconectamos de una manera que solo es posible cuando estás fuera de tu zona de confort.





