Por: Adriana Cartagena
En la ciudad costera de Manta, donde el océano se mezcla con la cultura y el comercio, una feria brota como un jardín de posibilidades, esparciendo un renacimiento económico en su estela. Los mercados repletos de colores y aromas se alinean en las calles, mientras los vendedores, con una sonrisa en el rostro, preparan sus puestos. La feria, un evento anual que ha llegado a ser más que una tradición, es un rayo de esperanza que ilumina el camino hacia la reactivación económica.
“Como la muerte del alcalde Agustín Intriago recientemente creí que no tendríamos feria este año, pero me alegra que si la dejaron llegar, pues todos la esperábamos, niños, adolescentes y adultos”, señaló Verónica Ibarra, visitante, con una sonrisa que podía iluminar una parte de la feria.
Manta, conocida por su puerto y sus playas doradas, se convierte en el epicentro de un festín de oportunidades. La feria atrae a los visitantes de todas partes. Los puestos ofrecen una variedad deslumbrante de productos, desde artesanías locales hasta delicias gastronómicas que despiertan los sentidos.
“Por esta primera semana está bajo el negocio, pero esperamos todo cambie, siempre las familias esperan la semana de las festividades para salir, primero distraen a los niños, se compran ropa u otros artículos y después corren a los conciertos de lujo que ofrece la municipalidad”, puntualizó Juan Cedeño, dueño de una de las atracciones de la feria de reactivación, denotando alegría en su rostro.
La reactivación económica, que se despliega en esta feria, es como un canto de resurgimiento. Las manos laboriosas de los artesanos y comerciantes se unen en una danza que recupera la esperanza y la prosperidad en una ciudad que anhela renacer. La feria en Manta no es solo un evento, es un testigo de la resiliencia y la determinación de una comunidad que se eleva como las olas del océano que la acarician, recordando que incluso en los momentos más desafiantes, la vida y la prosperidad pueden florecer una vez más.





