Por: Melany Montero
En la costera ciudad de Manta, un grupo de venezolanos se enfrenta a una cruda realidad que desdibuja la frontera entre el sueño y la vigilia. Las bancas del Parque de las Madres, por lo general testigos de risas familiares y paseos relajantes, se han transformado en camas improvisadas para aquellos cuyos sueños de estabilidad se ven truncados por las circunstancias.
La crisis migratoria que afecta a Venezuela ha llevado a miles de personas a buscar refugio en otros países, y algunos de ellos han encontrado en Manta un destino inesperado. En el Parque de las Madres, la vida cotidiana de los venezolanos se ha entrelazado con el tejido de esta ciudad costera, generando una situación compleja que ha despertado la solidaridad, pero también la preocupación.
«No es fácil estar aquí. Extrañamos nuestro hogar, pero no hay opciones. La situación en Venezuela es difícil, y estamos tratando de sobrevivir aquí en Manta», declaró José Rodríguez, uno de los inmigrantes venezolanos que ha encontrado refugio en el parque.
Las noches en este parque son testigos de las historias de esperanza y desafío. La iluminación tenue de las farolas proyecta sombras que reflejan la incertidumbre de estos venezolanos, pero también la determinación de seguir adelante. El césped verde y acogedor se convierte en una metáfora visual de la vida en espera de un futuro que se dibuja borroso en el horizonte.
Los residentes de Manta también han compartido sus perspectivas sobre esta situación inusual. «Entendemos que están pasando por momentos difíciles, pero esto también afecta la tranquilidad de nuestra ciudad. Necesitamos encontrar soluciones que beneficien a todos», enfatizó María Fernández, una residente local, mientras daba un paseo por el parque.
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