Por: Antonella Alava
Bajo el resplandor de noviembre, escobas, tachos y voluntarios se unieron en un esfuerzo colectivo para contribuir al bienestar común. Las calles vibraron con la actividad febril de la minga, la ciudadanía se congregó con entusiasmo, llevando consigo escobas, bolsas de basura y un espíritu colaborativo que reflejaba el amor por su ciudad. El sonido de la limpieza se mezclaba con risas y charlas, creando una sinfonía de esfuerzos compartidos.
Cada pincelada de pintura en las aceras era un acto de dedicación hacia un objetivo común. Mantener la ciudad radiante y acogedora, fue un recordatorio de que, al igual que una obra de arte, el cuidado de la ciudad es una expresión colectiva de identidad y amor por el lugar que llamamos hogar.
Cecilia Intriago, una residente activa en la minga, vociferó, «ver a tantas personas unidas por el bien de Calceta es inspirador esta minga no solo limpia nuestras calles, sino que fortalece los lazos comunitarios».
Charlie Zambrano, otro voluntario, añadió, “la minga es como un renacimiento para nuestra ciudad, pintamos aceras, recogimos basura, y eso no solo embellece Calceta, sino que también eleva nuestro sentido de pertenencia».
La minga ciudadana en Calceta no solo fue una acción de limpieza, sino un símbolo de la capacidad de la comunidad para unirse en pos de un objetivo común, las calles relucieron con el esfuerzo compartido de aquellos que entienden que el cuidado de la ciudad es responsabilidad de todos. La minga, con sus escobas y pinturas, no solo transformó el paisaje físico de Calceta, sino que también dejó una huella indeleble en el corazón de la comunidad bolivarense.





