Por Deivis Sabando
En los campos de Manabí, el telón de la temporada de mangos se alza con la llegada de noviembre. Siendo un despliegue majestuoso, donde los árboles, cargados con el regalo ambarino de la naturaleza, comienzan a susurrar la sinfonía de la madurez.
Estos frutos mágicos poseen una amplia variedad para seleccionar, desde los de chupar, mantequilla, miguelillo, de perro, bolsa de toro, el chico y grande. En este mercado al aire libre, los precios bailan al ritmo de la oferta y la demanda, manejando precios moderados desde un dólar hasta los más abundantes de cinco dólares.
“Es la mejor fruta de la vida, esta misma noche viajaré hacia la feria de Montecristi y llevaré 8 cajas repletas”, estipuló Ronald Figueroa, emprendedor, mientras se informaba en internet en que punto de la feria podría conseguir los mejores precios.
“Siempre que salgo del país me da mucha nostalgia, en otros lugares del mundo mi fruta favorita es prácticamente un diamante, los precios son muy exagerados, mientras que en mi Ecuador es accesible para todo el mundo”, aseveró Johanna Gómez, economista, mientras se preparaba unos mangos con sal.





