Por: Belén Rodríguez
En la encantadora localidad de Canuto, ubicada en el corazón de Chone, la calle Atahualpa se transforma en un vibrante tapiz de colores, texturas y sabores con la llegada de la Feria de Noviembre. Desde el 18 hasta el 22 de noviembre, este rincón se convierte en un festín para los sentidos, donde artesanías exquisitas, moda única y una ecléctica variedad de comidas se entrelazan en un banquete visual y culinario.
La calle Atahualpa, usualmente tranquila, se despierta con la algarabía de la feria. Puestos de colores brillantes se alinean a lo largo de la vía, exhibiendo tesoros artesanales, desde tejidos tradicionales hasta esculturas de madera finamente tallada. La calle se convierte en un lienzo donde las historias de los artesanos locales se plasman en cada obra.
Entre los puestos, nos encontramos con Antonio Mendoza, un vendedor apasionado que ha dedicado décadas a perfeccionar su arte. Con manos expertas, nos muestra una serie de esculturas en madera que evocan la esencia misma de Canuto. «Cada tallado cuenta una historia, cada curva representa un pedazo de nuestro patrimonio», resaltó Mendoza con orgullo en su voz.
Los transeúntes, inmersos en un mar de opciones, se ven atraídos por la danza de colores y aromas que flotan en el aire. “Es como entrar en un mundo mágico, donde cada rincón ofrece algo especial, no sabes si disfrutar más de las artesanías únicas, probar las delicias culinarias o perderte en la moda local», describió Karina Zúñiga, residente local, con una risa contagiosa
La feria se convierte así en un poema visual que celebra la identidad y la diversidad de Canuto. Cada rincón cuenta una historia diferente, cada color y textura narran la riqueza cultural de la región. Las artesanías, las prendas de vestir y la variedad de comidas se entrelazan como versos, formando una composición única que perdura en la memoria de quienes la experimentan.





