Por: David Reyes
Bajo el cielo vespertino de Jipijapa, en el corazón de la Unidad Educativa Fiscal «Francisca Vera Robles», se escenificó una obra maestra de preparación. Un simulacro de evacuación ante fenómenos naturales.
A las 16h00, como un reloj sincronizado con la seguridad, la calma estudiantil se vio interrumpida por un sonido que simulaba la voz de la naturaleza irrumpiendo con su fuerza. Era la señal para dar inicio a este evento de prevención.
Guiados por sus maestros, cual hábiles directores de orquesta, los estudiantes, cual instrumentos perfectamente afinados, se movieron con precisión y sincronía. Cada paso, cada giro, cada gesto, respondía a una partitura cuidadosamente diseñada por el Ministerio de Educación, una partitura que buscaba armonizar la seguridad con la educación.
«Es necesario realizar este tipo de simulacros ya que nos permiten estar preparados para actuar ante una situación de riesgo, garantizando la seguridad y el bienestar de nuestros estudiantes», enunció Margarita Luna, rectora de la institución, con voz firme y mirada serena.
Melissa Castro, miembro del personal administrativo, enfatizó la importancia de la capacitación previa para el personal. «No podemos actuar por instinto en una situación de emergencia es por eso que recibimos capacitación constante para poder guiar a los estudiantes de manera efectiva y segura»,
Al concluir el simulacro, un aplauso resonó en el patio de la institución, un aplauso que celebraba el éxito de la coreografía, la eficacia del protocolo y, sobre todo, el compromiso de la comunidad educativa con la seguridad.
Más que un simple ejercicio, el simulacro se transformó en una coreografía bien ensayada, donde cada participante conocía su papel y lo ejecutaba con precisión.





