Por, Cobo Lascano Mayely
En las coloridas calles de Los Bajos del Pechiche, entre cebollas, tomates y pimientos, un pequeño negocio ambulante emerge con la ambición de crecer, desafiando las limitaciones que el entorno impone.
En este territorio comercial donde las veredas se transforman en el escenario principal, Patricia y su fiel ayudante, Jacinto Piloso, consideran cada venta como un paso más hacia la realización de su anhelado sueño de tener un local propio.
Este acto de emprender, un sacrificio diario, se convierte en la semilla que siembran con la esperanza de que germine un espacio fijo, donde puedan ofrecer sus productos y expandir su variedad, como flores que despliegan sus pétalos con cada nuevo día.
Patricia Anchundia, de 45 años, aseguró con emoción que su sueño es ser el motor de su propia historia. “Aquí empiezo, y espero terminar en un local”, admitió Anchundia, cuyas palabras resonaron mientras carga una funda transparente que danza entre sus manos, cargada de esperanza.
Por otro lado, Leonardo Pinargote, uno de sus clientes habituales, destaca la calidad de las verduras y la atención personalizada que reciben. “Siempre vengo a comprar aquí, pero sería genial si tuvieran un local para ofrecer más variedades y garantizar la seguridad”, añadió Pinargote.
En este rincón emprendedor, las verduras no solo son ingredientes para deliciosas comidas, sino también chispas que encienden los sueños con cada venta, alimentando la esperanza de un futuro más próspero y estable para este pequeño negocio ambulante.





