Por, Ángel Rodolfo Macías Cantos
En la ciudad de Manta, los taxistas suelen navegar por caminos sombríos, expuesto al peligro constante, sin contar con formas de protegerse, excepto por las cámaras de vigilancia que actúan como guías para ayudarlos a sortear los riesgos en su camino. Estas cámaras son como faros arrojando luz sobre su camino y permitiéndoles mantenerse a salvo en estas rutas inciertas.
El alto nivel de inseguridad que envuelve a la ciudad y al país en general, crea un ambiente preocupante para los taxistas, este entorno inseguro dificulta su capacidad para trabajar con paz y confianza. Los ladrones se camuflan como si fueran ovejas en un rebaño, pero en realidad son lobos esperando atacar a los conductores de taxis.
Alberto Soledispa, un veterano taxista con más de dos décadas de experiencia en la Cooperativa Universitaria, señaló que la inseguridad en la ciudad ha florecido como una maleza que se extiende sin control por toda la ciudad. Añadió que la mayoría de los destinos a los que transportan a sus clientes son caminos peligrosos, y cerca del 50% de los vehículos en su cooperativa son como barcos sin brújula en un mar de inseguridad, ya que carecen de sistemas de vigilancia.
Angel Loor, un taxista quien ha sido víctima de múltiples robos, revela que ha considerado en ocasiones abandonar su oficio, pero su principal motivación para seguir al volante es su familia.
‘’En una viaje que realicé a La Pradera dos individuos me empezaron a golpear en el camino, me mantuve firme durante el camino, pero ese día me dejaron sin absolutamente nada, hasta la ropa se me llevaron… Lo importante es que logré salir con vida”, relató Loor mientras aguardaba la llegada de un pasajero.





