Por Genesis Rivera
En el Monumento del pescador, en el sector Tarqui de la ciudad de Manta, donde antes predominaba el abandono, hoy se escucha el ronroneo de la esperanza. Los gatos que alguna vez fueron olvidados se han convertido en símbolo de cuidado y ternura, gracias a la unión de la Junta Cívica y la comunidad.
Durante años, el monumento de Tarqui fue testigo de una triste costumbre las personas llegaban al lugar para abandonar gatos. Los animales, en su afán de sobrevivir, buscaban refugio y comida, aunque rara vez la encontraban.
Todo cambió cuando el municipio decidió intervenir. “Nos vamos a reunir con las personas para poder reubicar a los en un lugar adecuado. También hay una persona que los cuida, con quien ya me acerqué para pedirle que participe en las campañas de esterilización, para evitar que se sigan reproduciendo. La idea es poder darlos en adopción a personas que amen a los animales y evitar que se continúe con los abandonos”, explicó Margarita García, presidenta de la Junta Cívica de Tarqui.

Moradores del barrio han expresado su tristeza al ver que algunos gatos aún se encuentran en condiciones de abandono, no solo en el lugar de cuidado, sino también en las calles. “Me gustan los gatos, los perros, todos los animales. Por mi casa andaba una gata y mi hijo la adoptó; ya la esterilizamos”, señaló Yanet Choez, de 50 años.
Los cambios, sin embargo, ya comienzan a notarse. “Ya no pueden venir a dejar animales abandonados, porque hay un ojo de águila que capta todo. Las personas que deseen hacerlo deben acudir al municipio y solicitar aprobación para ver si pueden dejarlos en el lugar. De lo contrario, son sancionadas”, indicó Lida Macías, moradora del sector.
Hoy, el monumento de Tarqui representa algo más que un sitio histórico se ha convertido en un símbolo de una nueva relación entre la ciudad y sus animales, forjando un recordatorio de que los espacios públicos pueden ser refugios de compasión y responsabilidad.






Que lindo que conmovedor