Por: Valentina Andrade
Como un suspiro oculto en el corazón de Manabí, la comunidad de Navas se convierte en la custodia de un tesoro natural que despierta la admiración de propios y extraños. A tan solo 5 km del mágico puente de Canoa, emerge majestuosa la «Cascada Índigo», un regalo de la naturaleza que, con su danza perpetua, ha tejido una piscina natural que se erige como un edén turístico.
La cascada, un lienzo de agua que desciende con gracia celestial, ha modelado una piscina natural, una obra de arte acuático que cautiva a quienes se aventuran a explorarla. Como una joya escondida, la Cascada Índigo es un espectáculo que despierta la imaginación y regala a los visitantes la oportunidad de sumergirse en una piscina que parece esculpida por dioses acuáticos.
Los lugareños, testigos silenciosos del crecimiento de este paraíso, lo han bautizado como «El Espejo de Navas». «Es como un espejo que refleja la belleza de nuestra tierra. Cada gota de la cascada parece ser una historia que cuenta la naturaleza misma», comentó José Antonio, residente de la comunidad, con un brillo en los ojos.
En medio de la vorágine diaria, la Cascada Índigo se presenta como un oasis de tranquilidad, un recordatorio de la riqueza que la naturaleza nos ofrece cuando la respetamos y admiramos. Esta maravilla en Navas, con su piscina natural que invita a la exploración, se erige como una sinfonía de agua que canta la historia eterna de la tierra y sus habitantes. “A mi familia y a mi nos gusta venir a disfrutar aquí los fines de semana, nos conecta con la naturaleza y nos da la energía para encarar la semana entrante”, señaló Arturo Parrales, mientras sostenía la mano de su pequeña hija.





