En Montecristi, un rincón de Manabí. Las manecillas del reloj marcaban las dieciocho horas, la tarde y la noche se entrelazan en un beso frío, resguardadas por la sombra del cerro como guardián protector.
El cantón se transformaba en un escenario expectante, como si la misma tierra guardara

el aliento con anticipación. Con la llegada de las diecinueve horas, los comercios cerraban sus puertas, como si fueran pájaros que vuelven a sus nidos antes de la noche. El equipo del pueblo se encontraba al borde de una nueva contienda, como un héroe de leyendas antiguas, listo para forjar un nuevo capítulo final en su historia.
A las diecinueve horas con cuarenta y cinco minutos, los seguidores se congregaron como una marea de camisetas naranja con negro que rebozaban las gradas. La emoción se percibía en el ambiente y algunos se apuraban por asegurar un asiento como si estuvieran siguiendo la pista de un tesoro oculto, conscientes de que la llegada de una multitud de espectadores estaba a punto de suceder.
Después de esperar un poco, los dos equipos principales entraron en la cancha. Se notaban nerviosos pero seguros. La tensión en el aire era palpable, y los latidos de los jugadores, el cuerpo técnico y los espectadores se aceleraban, indicando que el momento decisivo se acercaba.
«Parece que el partido promete mucho, ojalá no nos defraude porque dejé de hacer mis cosas por este gran compromiso», se murmuró en medio de las gradas mientras se acomodaban los espectadores antes de que el árbitro diera el pitido inicial del compromiso.
‘’Muchachos, llegamos acá por mérito propio, hay un cantón que nos respalda y a ellos debemos demostrarle de que estamos hechos, no podemos perder acá, en nuestra casa, tenemos que salir campeones’’, motivó Eduardo Macías, entrenador de SBC en medio de la oración antes de saltar al campo de juego.
A las veinte horas con treinta minutos, el telón se alzaba poniendo fin a la larga espera, como si el árbitro fuera el director que iniciaba el acto principal en el teatro del campeonato de futsal organizado por la Liga Deportiva Cantonal de Montecristi. Los protagonistas de esta emocionante noche eran los equipos Sembrando Buenos Campeones (SBC) y La Cabaña FC.
El inicio del partido estuvo marcado por una gran tensión, ya que ambos equipos demostraban un dominio hábil del balón y una defensa sólida. Durante los primeros diez minutos, parecía una partida de ajedrez en la que ambos equipos se estudiaban detenidamente, sin que ninguno pudiera dar el primer jaque mate en este compromiso.
A los quince minutos de juego, Paul Ochoa, miembro del equipo La Cabaña, rompió el empate inicial al anotar el primer gol del partido. Sin embargo, el equipo de SBC no permitió que su rival celebrara por mucho tiempo, ya que minutos después, Ricardo Muentes igualó el marcador con un disparo fuerte de media distancia.
De esta manera llegaron al descanso, como dos guerreros que habían intercambiado golpes sin ceder terreno en la batalla. Los espectadores se mostraban satisfechos por el emocionante enfrentamiento que estaban presenciando, aunque algunos aficionados de SBC reflejaban en su rostro preocupación por la superioridad que demostraba La Cabaña en el campo de juego.
‘’Estamos jugando al ritmo de ellos, si seguimos así se nos puede venir la noche. Es hora de jugar lo que nosotros sabemos, no podemos dejarle espacios para rematar’’, advirtió Elio Mero, asistente técnico de SBC.
La noche era cada vez más fría mientras el emocionante segundo tiempo daba inicio. En los primeros minutos de esta etapa, una vez más, La Cabaña logró tomar la delantera por medio de Anthony Pilay con un potente disparo que impactó en el horizontal y se guardó al fondo de las redes.
A medida que el tiempo transcurría, la preocupación de los seguidores de Sbc se acentuaba, su equipo no estaba encontrando la ruta correcta para convertir el empate. El reloj avanzaba con la celeridad de una flecha, y la sensación era que la noche caía sobre ellos como una manta oscura y pesada.
El equipo del pueblo estaba siendo derrotado, pero faltando tan solo ocho minutos para el final del partido, SBC encontró una oportunidad para resucitar. Al minuto 14, Kevin Guachichulca logró la igualdad con un toque sutil en el área descolocando al guardameta.
Aprovechando el impulso emocional, tres minutos después en jugada que empezó a tejer el portero, el equipo naranja con negro tomaba la delantera con un gol de Ricardo Muentes, quien logró su segundo tanto personal y el tercero para su equipo, acercándolos aún más al título.
A segundos de concluir el partido, el equipo de La Cabaña, volcado al ataque en busca del empate, dejó atrás su defensa como si fuera una puerta entreabierta, y el jugador destacado del encuentro, Ricardo Muentes, escribió el cuarto gol como si fuera la última palabra en un emocionante capítulo, poniendo fin al partido con un marcador de 4 a 2.
Aquel viernes 30 de septiembre, el equipo de Sembrando Buenos Campeones, conocido como el «equipo del pueblo», alcanzó la gloria en el torneo, asegurando así un pasaporte dorado al Campeonato Nacional de Ascenso Futsal 2024 organizado por la Federación Ecuatoriana de Fútbol.
Los jugadores y el cuerpo técnico se abrazaban, sus ojos derramaban cristales desbordantes de alegría, iluminando el camino del título anhelado y derramando felicidad en el corazón de un pueblo entero.






