Autor: Jhosselyn Castro
En la playa “Murciélago” de la ciudad de Manta, el mar y la arena fueron testigos de una congregación de muchos deportistas todos unidos por un solo objetivo y pasión. Con el sonido del vaivén de las olas y del viento estos guerreros se propusieron conquistar este escenario y convertirlo en su campo de entrenamiento.
“Ya era hora salir de la rutina monótona en la que estábamos, estar entrenando encerrados en unos cuatros paredes a veces tiende a ser aburrido, claro que es bueno ejercitar el cuerpo, pero también hay que ejercitar la mente”, confesó Beto Mantuano, uno de los partícipes.
Cansado y agotado Stefano Paredes admitió que muy es duro entrenar en la arena, se vuelve pesado, el viento que sopla la arena y esta que se mete en los ojos es molesto, pero aun así con la motivación de los amigos eso se pasa desapercibido.
Bajo los rayos del sol naciente, cada uno de los participantes se sumergieron en una sesión de entrenamiento, atravesando más obstáculos para llegar a la anhelada meta. Cada gota de sudor rodando por sus cuerpos mostraba la determinación y dedicación de días de entrenamientos, todos se dejaban llevar por el momento disfrutándolo al máximo.





