Por, Juan Pincay
Son ya 138 años de parroquialización que celebró el rural y verde pueblo, la que se despidió con una cabalgata, pero a su vez con un sin sabor por parte de sus moradores, estas fiestas no suelen cerrarse solo con montadas de caballo, sino con el respectivo baile popular.
Estas fechas octubrinas son para los ciudadanos, fomentando el convivir y disfrutar con su gente, que se caracteriza por la solidaridad y amabilidad.
Jordan Roldán, residente hace más de 39 años en el pueblo, se gana la vida vendiendo empanadas, ”siento que no le están dando la importancia a ciertas tradiciones en las fiestas, uno vive de esto, ya que el turismo aumenta, pero esta vez no asistió mucha gente”, aseveró Roldán mientras destapaba una coca cola personal de vidrio.
Entre caballos y gente con sombrero, con el sonido característico de los potros relinchando se viven y gozan los ciudadanos de Ayacucho. “Que lindo volver al pueblo de uno, actualmente vivo en Guayaquil pero mi vida y mi corazón son de esta tierra”, enfatizó Leonidas Zambrano señor de edad que se da cita todos los años a despedir las fiestas de su amado cantón.
Más allá de la decepción de las personas, la celebración siempre es vigente por parte de su pueblo, buscando las alternativas necesarias para no dejar pasar estas fechas especiales de celebración.





