Por: Adriana Cartagena Hidalgo
En cada calle, el pavimento se convierte en el escenario de una danza perpetua de desechos que desafía la armonía de nuestro entorno natural. Bajo el manto del cielo urbano, la gente con indiferencia arroja sus despojos al suelo, como si la madre tierra fuera un gigante vertedero.
“Es desgarrador ver cómo nuestra calle se transforma en un paisaje de desechos. La gente debe entender que cada acción cuenta, que nuestra casa es también la casa de todos y que de nada sirve que unos cuantos limpiemos y barramos si a los demás no les interesa”, aseveró María González, residente de la zona, con angustia por la situación.
El gobierno, consciente del desafío, promulga regulaciones y campañas educativas. “Estamos implementando medidas más estrictas y educación ambiental para cambiar esta narrativa. La lucha contra la contaminación es una responsabilidad compartida en donde ya no solo se trata de lo que hace o deje de hacer el municipio, sino en lo puede ayudar la ciudadanía de cualquier sector”, aseveró Carlos Mendoza, portavoz gubernamental, con seguridad en sus palabras.





