Por: Juan Pincay
Como el ave fénix que renace, así es el caso de don Tulio Mejía, entre cenizas y fuego la vida lo iba arrinconando contra la lona en pleno ring. Vendiendo cocos se ganaba la vida, pero eso no era suficiente, se lo devaluaban mucho lo que lo llevó a tomar, lo que sería, la mejor decisión de su vida.
Un día decidió dejar de vender los cocos, y decidió emprender, vendiendo aguas de coco y jugos de coco, no obstante, le comenzó a ir bien y tomo la gran idea de vender dulces y todo tipo de refrescos.
“Fue de las mejores decisiones que tome, siempre que vendía coco al por mayor, no ganaba casi nada y luego un amigo me dijo que los vendiera yo mismo, no encontraba un lugar, pero cogí mi carro y me fui a la vía, Portoviejo – Santa Ana y ahí me instale”, describió Mejía mientras raspaba el hielo para un granizado.
Los refrescos de don Tulio comenzó a tener acogida por parte de los ciudadanos, hoy en día la gente se pelea por tomarse un buen refresco, “siempre que regreso a mi casa no falta mi refresco de crema con unos enrollados, pero cada día es más difícil por que se llena mucho”, enfatizó Víctor Samaniego mientras se comía un enrollado de manjar y en su rostro reflejaba felicidad.
En Santa Ana es muy común ver a emprendedores ponerse este tipo de negocios, pero es muy poco común que persistan, son dos o tres los lugares específicos que venden productos similares y les haya ido bien.
Entre cocos, hielo, y jaleas de sabores como chicle, menta, chocolate y otros dulces, es como se gana la vida Mejía que refleja el compromiso y el trabajo de querer salir adelante. La superación personal y no estancarse son los casos que generan empatía.





