Por, Juan Pincay
Los cajetines son como un guardián silencioso en las entrañas del cantón de Santa Ana y se comporta como un escudo con la invasión de los desechos indeseados. Con este gran acto que se presenta como agua en el diserto para los comedores municipales de la calle Francisco de Paula Moreira que convivían a diario con un olor putrefacto.
Cerca de esa problemática se encuentra un local de comidas, donde los moradores disgustan de esas delicias, “muy rica la comida, pero es bien desagradable con ese olor, a nadie le gustaría comer así esperemos que con la cerradura de ese cajetín el olor disminuya,” murmuró un joven que se encontraba en el lugar observando la obra.
La vinculación de agua y lodo era constante en este sitio, debido a lo dañado que se encontraba,” gracias a las autoridades que han ayudado con eso, las gentes habían disminuido mucho”, aseveró Lourdes Arauz con entusiasmo y agrado que se denotaba en su rostro.
El bienestar del cantón es lo primordial, reparando pequeños detalles que ayudarán a una mejor gestión, para el avance progresivo de los moradores sobrantes. Este pequeño cofre, cual llave mágica protege el crecimiento de los santanenses, ayuda al crecimiento de los emprendedores.





