Por Camila Pineda
En medio de la pandemia de COVID-19, las redes sociales han demostrado ser una herramienta indispensable para la sociedad. A medida que la humanidad luchó contra la propagación del virus, estas plataformas digitales han proporcionado una serie de beneficios esenciales que ayudan a las personas, han sido fuentes confiables de información sobre el estado del mundo, medidas de seguridad y pautas de vacunación, ayudando a combatir la desinformación y mantener a la población informada y segura. Uno de los aspectos más destacados durante la pandemia, ha sido su capacidad para mantenernos conectados a pesar de las restricciones que habían limitado nuestras interacciones personales. Esto ha llevado a un aumento significativo en el uso de Internet en Ecuador, con un crecimiento notable, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). El porcentaje de hogares con acceso a Internet experimentó un aumento del 7,7% a nivel nacional, pasando del 45,5% en 2019 al 53,2% en el 2020, e incluso estas cifras se siguen incrementando al pasar de los años.
Amanda Vera en ese entonces estudiante, menciona que su familia se vio obligada a contratar el servicio de internet ya que no existía otro método para poder recibir sus clases y así no retrasar sus estudios, de la misma manera como aquella familia muchos hogares se vieron en la necesidad de contratar aquel servicio para poder estar conectados y retomar sus actividades desde casa.
Plataformas populares como Facebook, Instagram, Twitter y WhatsApp desempeñaron un papel fundamental al permitir que amigos y familiares se mantengan conectados. A través de funciones como mensajes de texto, video llamadas y actualizaciones de estado, estas plataformas facilitan la comunicación y la expresión de emociones, trascendiendo aun las fronteras internacionales. Gracias a estas herramientas, las personas pudieron compartir momentos de alegría y brindar apoyo emocional, fortaleciendo lazos incluso cuando el distanciamiento social no se los permitía.
Yoel Acosta menciona que en aquellos momentos el estar conectado y saber de sus familiares de otras ciudades le daba un poco de tranquilidad. “Mi abuela tuvo que viajar hacia su lugar de origen y al estar lejos me preocupaba su salud, sin embargo, el poder llamarla y saber cómo se encontraba me hacía sentir más tranquilo”, manifestó.
No es un secreto que la crisis sanitaria aceleró la adopción del teletrabajo y la educación a distancia. Las redes sociales y plataformas de comunicación como Zoom, Microsoft Teams y Google Meet han permitido que empresas y escuelas mantengan sus actividades de manera remota. Estas herramientas han facilitado la transición a un entorno de trabajo y aprendizaje en línea, lo que ha sido esencial para la continuidad de muchas actividades e incluso en la actualidad se siguen tomando estas medidas.
“En pandemia mi negocio creció, las ventas se potenciaron en gran manera ya que distribuyo productos para la salud y en ese momento todos querían mantenerse sanos”, expresó Ruth Pineda, joven emprendedora. De esa misma manera Lila Mantilla concuerda, alegando que vio una oportunidad en medio del caos para potenciar su empresa. “Aprendí a presentar mi negocio y a desenvolverme más en el mundo de las redes sociales, la ventaja fue que las personas estaban en casa, todos se mantenía conectados y de esa manera pude incrementar las ventas”, manifestó.

Natividad Mendoza también supo apechar aquellas circunstancias para generar ingresos. “Recibíamos muchos pedidos de mascarillas personalizadas ya que mediante las redes promocionábamos nuestro trabajo para que las personas nos conocieran”, señaló la copropietaria de una pequeña empresa familiar dedicada a la sublimación textil.
Nacieron otras formas de ganar dinero
“Realicé publicidad a personas conocidas tanto clientes como familiares para llevar a cabo nuevas actividades como entregas a domicilio de varios tipos como compras entregas de medicina y venta de alimentos, con los cuidados respectivos”, aseveró Darío Vera, padre de familia dedicado a la artesanía para diferentes eventos, qué en aquellas circunstancias tuvo que dejar de ejercer su trabajo por falta de pedidos y eventos obligándolo a buscar nuevas formas de llevar el pan a la mesa de su casa.
Consecuencias
No obstante, el virus también representó la pérdida de millones de empleos en todo el mundo. Muchas compañías tuvieron que cerrar temporal o permanentemente debido a las restricciones sanitarias y económicas, lo que llevó a una ola de despidos masivos. Que, si bien es cierto, como lo antes mencionado el trabajo remoto se convirtió en una solución para muchas empresas y emprendedores, sin embargo, no todos los trabajadores tuvieron la oportunidad de beneficiarse de esta transición. La falta de acceso a la tecnología, la falta de espacio en el hogar para trabajar de manera eficiente y la falta de habilidades digitales resultaron ser grandes problemas significativos para adaptarse a la nueva realidad laboral.
Como por ejemplo los trabajadores en empleos mal remunerados y precarios, como los encargados de la construcción, agricultores y repartidores, a menudo no tenían la opción de trabajar desde casa y se encontraban en una mayor exposición. Las industrias de entretenimiento, eventos en vivo, turismo y restaurantes fueron algunas de las más golpeadas, con cierres prolongados y despidos masivos. En el sector de la aviación, muchas aerolíneas se vieron obligadas a reducir enormemente sus operaciones, lo que afectó a un sinnúmero de empleados, desde pilotos hasta personal de tierra.
Muchos padres y madres se enfrentaron al desafío de equilibrar el trabajo y la educación en el hogar debido al cierre de escuelas, lo que resultó en una mayor presión laboral y estrés. Y así mismo los trabajadores de la salud se encontraron en primera línea de la pandemia, enfrentando riesgos significativos para su salud y bienestar emocional. La falta de equipos de protección personal adecuados y el agotamiento físico y mental fueron desafíos clave para este grupo.
Incluso personas mayores que, a pesar de su edad avanzada, continuaban trabajando día a día para asegurar el sustento de sus hogares, así como vendedores ambulantes que dependían de sus ingresos diarios para sobrevivir, se vieron fuertemente impactados por las circunstancias.
“Me vi obligada dejar de ir a la calle a trabajar y no sé cómo sobreviví en ese tiempo, pero lo hice”, afirmó Marlene Mantilla, vendedora ambulante de comida.
Además, pequeñas tiendas en barrios urbanos, que solían ser el corazón de las comunidades locales, se vieron forzadas a cerrar sus puertas como medida para mantenerse a salvo.
Como fue el caso de Grimanesa Mera oriunda de Bahía de Caráquez propietaria de “Despensa Estefany” una pequeña tienda ubicada en un pequeño barrio, “las ventas bajaron grandemente, a pesar de ello trataba de implementar la entrega a domicilio recibiendo pedidos por medio de mi teléfono y así logré salir a flote en esos tiempos”, añadió.

Es decir que a pesar de las cosas negativas en aquel año muchas personas supieron aprovechar los recursos para salir adelante y muchas otras se mantuvieron a la espera de poder salir a laborar como siempre lo solían hacer.





