Por, Jean Carlos Pinoargote Loor
En la parroquia de Leonidas Proaño, la sombra de la inseguridad se erige como un pesado telón en un teatro de tinieblas que envuelve sus calles, a pesar de las estadísticas que pintan un cuadro engañoso de calma. Los habitantes de este rincón de Montecristi están atrapados en la oscuridad de la incertidumbre, como espectadores descontentos de un espectáculo sin dirección.
Aunque los índices de robo han disminuido, el clamor ciudadano resuena como un eco persistente en busca de una mayor presencia policial, como un verso poético que se repite incansablemente, Jhon Zambrano, residente del sector, acotó, «hace falta patrullaje en el sector, los ladrones no tienen miedo de cometer delitos, ya que saben que pueden hacerlo con facilidad y la confianza de que los policías no estarán cerca. Hubo un tiempo de muchos robos, y aunque ahora ha disminuido, si los policías dejan de patrullar, tememos que vuelva a pasar”. La amenaza de robos a mano armada persiste en las áreas menos pobladas del lugar, como una tormenta acechante que amenaza con desencadenarse en cualquier momento.
De la misma forma, Melida Villavicencio, quien ha sufrido en carne propia la inseguridad, aseveró, «en lo que va del año, me han robado tres veces cuando regreso del trabajo en la noche. Ahora, ni siquiera me atrevo a llevar mi celular, por el miedo de que me roben de nuevo», la inseguridad ha dejado cicatrices en la comunidad, haciendo que actividades cotidianas se conviertan en riesgosas travesías nocturnas, como un poema triste que narra las desventuras de quienes se aventuran en la penumbra.
De la otra cara de la moneda, Wilson Ávila, policía y miembro de la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) del sector, desvela la cruda realidad, puntualizó, «en el UPC contamos con una sola unidad de patrullaje para cubrir toda la parroquia, que es extensa y comprende más de diez sectores. Luchamos incansablemente por mantener la seguridad en todo el territorio, pero nuestros recursos son limitados”, mientras la oscuridad se cierne sobre Leonidas Proaño, sus habitantes aguardan con anhelo que la luz de la seguridad vuelva a iluminar sus noches, con la esperanza de volver a salir a las calles sin preocupación, como el deseo de que un faro destelle en la negrura de sus inquietas noches.





