Por: Ana Mirian Santana Murillo
Xaviercito Mendoza, un niño de tan solo 7 años. Después de un accidente que le arrebató una pierna, su vida se convirtió en un camino lleno de obstáculos. Su madre, Ángela Corozo, con voz quebrantada y lágrimas en los ojos, relata el dolor que ha marcado sus días desde entonces, pero también la inquebrantable determinación de buscar el bienestar de su pequeño luchador.
En medio de esta tormenta de adversidades, como una luz fugaz en medio de la negra, aparece Luz María Oyola y su equipo de apoyo. Extienden su mano amiga hacia la familia de Xaviercito, que con gratitud y valentía aceptan esta ayuda. Oyola comparte que su trabajo social es como practicarla con los ojos vendados, sin conocer fronteras ni limitaciones. Así como Xaviercito llegó a ellos, esperan seguir extendiendo sus manos solidarias.
Las palabras de Ángela Corozo describen la experiencia de su hijo como un martirio, una odisea en la que cada paso se convierte en una batalla por la supervivencia. En esta narrativa, Xaviercito representa la fuerza de un niño que, a pesar de las dificultades, sigue adelante, la resiliencia que inspira a todos los que lo rodean.
Luz María Oyola y su equipo se presentan como la luz en la oscuridad, un faro de esperanza en medio de la tormenta. Ilustra la dedicación y la entrega total que ofrecen a quienes más lo necesitan, sin importar las dificultades que encuentren en su camino.





