Por, Juan Pincay
Los recolectores de basura brillan por la ausencia, mientras los desperdicios cada día crecen, acumulándose y creando un olor desagradable, no solo este es el principal problema, ya que en un futuro esto puede traer consigo enfermedades graves que afecte a la población.
Johanna Cedeño, madre de familia que vende bolos y helados caseros, convive día a día con este putrefacto olor, “a veces la gente no viene a comprar y si lo hacen es para llevar, es por este olor que se percibe de la basura”, aseveró Cedeño detrás de las rejas de su hogar y en su mirada se notaba decepción.
Los moradores de Los Bajos, ya cansados de esta situación tienen que recurrir por sus propios medios a desechar estos restos, debido al olor insoportable, y por los insectos que atraen estos desperdicios. “Ahí se ve clarito la cantidad de basura, no es invento de nadie, pero las autoridades solo solucionan las cosas cuando quieren el voto de uno”, rumoró un anciano comerciante de queso mientras cerraba la vitrina en donde tiene ubicado el alimento.
Más allá de ser un descuido de las autoridades, la población tiene que educarse entre sí, implementando políticas efectivas que sirvan para darle la importancia que requiere, botar los residuos de manera educada y no dejando acumular la basura, porque los animales que andan en la calle terminan esparciendo toda la basura.





