Por: Jean Carlos Pinoargote
En las soleadas calles de Montecristi, el fragante perfume de las roscas recién horneadas flota como memorias ancestrales tejidas en cada esquina. Estas golosinas de espiral dorada, se entrelazan en la historia de la comunidad y en los hilos de su identidad, creando la trama de su vida cotidiana.
Las roscas, aparentemente humildes en su simplicidad, son mucho más que delicias gastronómicas. Ellas son parte fundamental de la economía de Montecristi y alimentan los sueños de su gente. Desde los puestos de mercado en las bulliciosas calles hasta las pequeñas panaderías de barrio, estas creaciones maestras han sido el sustento de muchas generaciones.
El secreto de estas roscas se asemeja a un misterio ancestral, “cada rosca es una obra maestra de sabor y textura que guarda el espíritu de nuestra región transmitido de una generación a la siguiente. Cada familia añade su toque, infundiendo su amor y singularidad en la receta”, aseveró Sonia Quijije, moradora de la zona municipal.
Bryan Lucas habitante del centro de la ciudad, puntualizó, “las roscas son muy característica de nuestro pueblo y sin duda nos representan, si hablan de estas, todos recuerdan las de Montecristi…”, esta delicia culinaria se convierte en nudos que atan a la comunidad, recordando la importancia de mantener sus raíces intactas.
En Montecristi, el ritual de hornear roscas no es solo una tradición, es una afirmación de identidad, una celebración de unidad, y un vínculo indeleble entre generaciones que se renueva con cada horneado. Como los dulces lazos de una rosca, esta comunidad continúa tejiendo su historia con dulces sueños de prosperidad que perduran en el tiempo.





