Por: Kathiusca Moreira Macias
En la costa ecuatoriana, entre las olas del Pacífico y las historias ancestrales de su gente, se encuentra un tesoro gastronómico que brilla con luz propia, la langosta de Manabí, en Ecuador.
Este crustáceo, más que un plato típico, es una riqueza cultural y culinaria de la región, una tradición que ha perdurado a lo largo del tiempo y que ha forjado la identidad de su gente.
“La comida es una ventana a la cultura de un lugar, y la langosta de Manabí me brindó una vista panorámica de la riqueza y la diversidad de esta región costera. Fue una experiencia que recordaré siempre y que me inspiró a explorar, valorar las tradiciones culinarias de otras culturas”, puntualizó Alberto Ponce mientras disfrutaba de unos langostinos.
La langosta de Manabí no es solo un plato, es un testimonio de la pasión y el orgullo de una comunidad que ha tejido su historia en los sabores del mar.
David Campuzano, mirando la carta del menú señaló la pasión con la que la gente local habla de este manjar y cómo se enorgullecen de compartirlo con los visitantes, “la langosta es un símbolo de la resiliencia de los pescadores de la región, que se enfrentan a las inclemencias del mar con valentía y determinación”.





