Por: BRITTANY BELÉN PINCAY VERA
A pesar de sus limitados recursos, Susana Quijije ha dedicado su vida a cuidar y alimentar a los gatos callejeros que encuentra en las calles de la ciudad.
En el corazón del barrio Miraflores vive una vendedora ambulante cuyo espíritu altruista ha tocado los corazones de aquellos que la rodean. Su dedicación a los gatos callejeros es una historia de amor y compasión que ha ganado el respeto y la admiración de sus vecinos.
A pesar de enfrentar desafíos económicos y dificultades en su propia vida, Susana nunca ha dudado en brindar ayuda a los gatos necesitados. Cada día, sale a las calles con una bolsa llena de comida y agua para repartir entre los felinos hambrientos que encuentra en su camino.
«Los gatos son mi familia. No puedo ignorar su sufrimiento. Si puedo hacer una pequeña diferencia en sus vidas, entonces vale la pena» indicó Susana Quijije. Además, ha establecido pequeños refugios improvisados en su vecindario, donde los gatos pueden encontrar refugio y seguridad.
«Cuando conocí a Susana, me impresionó su devoción por los gatos callejeros. Ella pasa horas alimentándolos y asegurándose de que estén protegidos. Es un ejemplo para todos nosotros», expresó Juan López, un residente de la localidad.
Su historia ha resonado en la comunidad, y muchos se han unido a ella en su misión. A través de donaciones y trabajo voluntario, están construyendo refugios improvisados y proporcionando alimentos y cuidados médicos a los gatos necesitados.
«Ella es un verdadero ángel para estos gatos. He visto cómo los cuida con tanto amor y ternura. Es inspirador ver a alguien dedicar su vida a ayudar a los más vulnerables», manifestó María González, propietaria de un pequeño negocio en la zona.





