Redacción: Nicole Ruiz Sornoza
No tuvieron síntomas del virus COVID-19 en la comunidadal “Agua Blanca” situada en Puerto López, al sur de Manabí. Alrededor de 300 personas habitan dentro de la comuna, los que no tuvieron síntomas de la enfermedad letal, esto fue producto a los saberes ancestrales que dejaron los mayores sembrados y cultivados en los nuevos comuneros.
Según el observatorio social del Ecuador fueron, 999,837 casos confirmados del COVID-19, hasta la presente fecha del año, se empleándose un seguimiento para tener en observación a los afectados.
Según decían los médicos expertos en el tema, el covid-19, no tenía cura a menos que se colocaran las respectivas vacunas, pero para llegar a esto tuvieron que pasar por muchas muertes antes de tener las vacunas contra la enfermedad.
Enfrentar el virus fue un trabajo en equipo para los comuneros, fueron los cabecillas de cada familia que empezaron a preparar brebajes, para hacer fuerte sus defensas, machacar ajo, con limón, hojas de laurel, fue una de las fórmulas, que usaban, haciéndose vapores, y tomándolos como té, una vez a la semana hacían este ritual, al igual que cultivar sus propios alimentos, y tener una alimentación adecuada era la clave importante para ellos.
Tulio Maldonado, guía nativo del museo de Agua Blanca, describió cómo fue su experiencia, cuando todo el país estaba atravesando una terrible crisis sanitaria.
“En la pandemia sufrimos mucho, pero el hecho de ser una zona turística y que estamos acostumbrados a vivir de granos, gracias a nuestros ancestros descubrieron la riqueza que poseemos, aquí no hubieron infectados por el virus”, señaló Maldonado
Asimismo, acotó que sus hermanos comuneros empezaron a leer los viejos libros que estaban botados en un rincón, los que habían escritos sus mayores, para buscar alternativas medicinales pura, en lugar de tomar pastillas a base de componentes con químicos.
Recalcó, que además se vieron en la obligación de poner reglas para evitar a toda costa un contacto con la ciudad, se prohibieron el ingreso y salida de las personas, “tuvimos que implementar nuevas formas de poder abastecernos de alimentos, el trueque fue una opción replicando como nuestros antepasados lo hacían, y nos funcionó muy bien”.
Por otro lado, aseveró que durante la pandemia no recibieron apoyo de ni una entidad, es lo que se les hizo difícil volver a reactivar el comercio en la actualidad, clamó Maldonado mientras con sus dedos señalaba las casas que de lejos formaban una montaña.
Jhonathan Peña, médico de nefrología en Metrodial, Ubicado en la ciudad de Portoviejo resaltó, que estas comunidades por lo general siempre han sido fuertes ante cualquier adversidad por el hecho de alimentarse bien y por todas aquellos nutrientes que extraen de la naturaleza, lo que los vuelve más resistentes por consumir alimentos que no tienen químicos.
Por otro lado, enfatizo, que “un lugar que está en constante emanación de azufre, compuesto químico de múltiples efectos benéficos como perjudiciales para la salud de los habitantes de la comunidad, la constante exposición de la población a ese mineral, produce múltiples beneficios como la aceleración de metabolismos que surgen dentro del cuerpo de la persona que se ha expuesto, por lo cual la capacidad de respuesta por su sistema inmunológico es más eficiente ante las distintas agresiones”.
Beatriz Muñoz comerciante, desde hace 5 años es parte del grupo de mujeres de la comunidad narró, que, a pesar de las dificultades, de no poder tener público de otros lados, ella y su familia se mantuvieron fuertes, resistentes como el gran palo santo, empezaron a preparase tomas de hojas de plantas medicinales de cedro y muyuyo.
Acotó que hacerse infusiones con hiervas como el laurel acompañado del zumo de limón fueron sus medicinas para no enfermarse, recordó que ellos no salieron de su habitad, todos permanecieron en cuarentena, y ese fue el punto a su favor, para no enfermarse.
“El palo santo, es un energizante aleja energías negativas, por las noches pasando dos semanas nos hacíamos una limpia”, describió Muñoz cuando con su mano llevaba su vasija de barro y dentro tenía unos palitos de palo santo y el humo lo pasaba por la coronilla de los visitantes.
Es el gran descubrimiento de los antepasados criollos Manteños que compartieron formas de curar cualquier enfermedad, que en su entonces eran mortal, es cultivar sus propios alimentos, hacer rituales al sol, la luna, el agua y todos los astros, generando una conexión con el más profundo sentir. Creyendo en la sabiduría de que tiene la naturaleza, permitían poder ser uno solo y sanar todo aquello que padecieran.
Esta es una de las colectividades pocas conocidas en la ciudad de Manta, lo que aún sigue aislada del Ecuador. Su cultura, sus diversas historias que tienen para contar son obras de los antepasados, que van de generación en generación compartiendo sus saberes.




