Por: Alejandra Pinargote
Personas en situación de calle duermen en los portales de las casas y locales, dentro del sector de la calle 13 y calle 12 en la ciudad de Manta, se encienden las alarmas de moradores quienes ven esto con incertidumbre y piden a las autoridades tomar medidas para que den solución a esta problemática. El día 22 de septiembre se evidenció la intervención por parte de la DINAPEN, para sacar a dos niñas de 10 y 12 años de la mendicidad, lo que demuestra el trabajo de las autoridades correspondientes.
En nuestras calles es común ver a personas extendiendo sus manos en busca de una ayuda que les permita subsistir un día más y llevar a la boca el pan de cada día. La mendicidad es una realidad dolorosa y compleja que afecta a millones de personas en todo el mundo.
Ser mendigo no es un fenómeno aislado, sino que está relacionado con un conjunto de causas profundas que afectan a la sociedad. La ONU señala y describe algunos factores que contribuyen a este problema como desigualdad social y económica; la brecha entre ricos y pobres se está ampliando, dejando a muchas personas sin acceso a oportunidades y recursos básicos.
La falta de vivienda y desplazamiento es debido a conflictos, desastres naturales o migración interna contribuyendo al aumento de la población sin hogar.
Los problemas de salud mental y trastornos de adicción la padecen las personas que luchan con problemas de salud mental o problemas de adicción y tienen dificultades para mantener un trabajo y un hogar estable.
La falta de redes familiares o sociales sólidas afectan la capacidad de las personas para hacer frente a situaciones difíciles.
La mendicidad puede convertirse en un ciclo vicioso y difícil de quebrantar, quienes dependen de esta práctica para sobrevivir a menudo se enfrentan al estigma y la discriminación, lo que les dificulta integrarse en la sociedad y acceder a oportunidades.
La falta de acceso a recursos básicos y servicios de apoyo también puede perpetuar este círculo vicioso, atrapando a las personas en una realidad de marginación y vulnerabilidad.
Para lidiar con la mendicidad de manera efectiva, la Federación Internacional por los Derechos Humanos plantea que se necesitan soluciones integrales y humanitarias como la asistencia social es fundamental implementar programas que brinden apoyo económico, alimentación y vivienda a las personas en situación de mendicidad.
Se deben establecer programas de reintegración social que proporcionen oportunidades de empleo y vivienda.
Es importante concienciar a la sociedad de la realidad de la mendicidad y fomentar la empatía y la solidaridad hacia quienes se enfrentan a esta situación, brindando acceso a servicios de salud mental y adicciones para garantizar a quienes luchan con estos problemas.
Es necesario fomentar la cooperación entre agencias gubernamentales, organizaciones no gubernamentales y el sector privado para combatir la mendicidad de manera integral y efectiva.
“La situación es alarmante, por la gran cantidad de personas que se encuentran en la mendicidad, intentamos ayudarles en lo que mas podemos, pero las autoridades deben tomar cartas en el asunto”, señaló William Mera Moreira, mientras cruzaba sus brazos.
Lo más escalofriante es la situación de los niños, que son títeres de sus padres quienes utilizan la inocencia angelical de un menor para sacarle beneficios. “Justamente ayer me tocó ver, como la DINAPEN, se llevaba dos niñas que estaban en la calle pidiendo dinero por orden de sus padres, y esto es algo muy triste”, enfatizó Reinaldo Saltos comerciante de la calle 12, mientras posaba su brazo sobre una repisa de su negocio.
La mendicidad es una expresión dolorosa de las desigualdades y dificultades a las que se enfrentan muchos en nuestra sociedad. Detrás de cada mano extendida se esconde una compleja historia humana que merece ser escuchada.
“Genera mucha tristeza ver a niños pidiendo dinero en las calles, pero esa es la realidad de nuestro país y ciudad, esperemos pueda mejorar”, recalcó José Miranda comerciante ambulante, mientras servía un jugo de coco. Combatir la mendicidad requiere empatía, comprensión y acción de todos los sectores de la sociedad.
Al reconocer la dignidad de cada individuo y trabajar por soluciones efectivas y humanitarias, podemos marcar la diferencia y crear un mundo más inclusivo y solidario para todos.
“Es duro ver personas en las calles pidiendo dinero, siempre tratamos de ayudarlos, pero muchas veces genera incomodidad, porque exigen y andan bajo sustancias ilícitas”, remarcó Ángel González comerciante ambulante.





