Por: Katherin Zambrano 22/09/2023
En la ciudad de Manta, un proyecto salvavidas se presenta en forma de desalinización del agua del mar. Generando un gran impacto en la ciudadanía debido a su potencial transformador y al cambio significativo que podría traer a la historia.
Sin embargo, la desalinización ya se vio presentada hace varios años en empresas privadas, Industrias Ales fue la primera en tener una desalinizadora, con beneficios privados para su manejo interno y en la actualidad solo quedan silenciosas reliquias de una época pasada.
El ex concejal Eduardo Velázquez García, relató que, en la búsqueda de soluciones, varias empresas llegaron a la conclusión de la importancia de crear una desalinizadora y como en una telenovela varios actores se destacaron en esta escena, La FAE, Café Pres 2 e Industrias Ales, cada uno con beneficio propio.
En los años 80 se agudiza el problema del agua, como si una flor se marchitase sin la fuente de esperanza, una de las aventuradas ideas en ese tiempo fue desalinizar el agua del mar, sabiendo que era una inversión costosa no se logró el objetivo.
Un proyecto que cambiará la vida de los mantenses, explorando con lupa un estudio técnico, social y socio económico bien estructurado, enfatizando una mirada profesional y un análisis minucioso.
En el 2015, el municipio de Manta tuvo iniciativas en crear una planta desalinizadora para las industrias, donde hubieron reuniones con varios empresarios que planteaban ideas. Determinando que existían 8000 m3 utilizados por estas fábricas, que con un buen manejo podrían ser direccionadas a la ciudadanía, valorado en 2.20 el m3 de agua. “Un proyecto que no se estableció porque le faltó más interés y decisión al alcalde Jorge Zambrano”, reveló Eduardo Velázquez García, ex concejal de la ciudad de Manta, mientras se expresaba pensativo al revivir momentos que existieron en la danza de los recuerdos.
A pesar de ser una inversión que duplica en costos, Manta no deja desmayar la idea, conservando el pensamiento de tener una desalinizadora que permita llevar a cabo el buen manejo del agua del mar para la ciudadanía, y poder beneficiarse de aquel caldero mágico de la vida puesto en el planeta.
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A lo largo de los años sumergidos en el agua salada, como un viajero perdido en el océano, rodeando de profundidades azules, que, a pesar de tener una apariencia fresca y abundante, no cumple con las expectativas de saciar la sed ni nutrir las almas, siendo un líquido venenoso que jugaría en contra de los seres humanos.
La palabra Manabí por mucho tiempo llevaba el significado “tierra sin agua”, en las voces quichuas. En la actualidad, se considera equivocada esta interpretación, Pedro Cieza de León en su investigación asegura que Manabí es el nombre de una localidad de la zona desde la época preincaica.
A pesar de esta iluminación histórica, la sombra de “tierra sin agua” persiste en la historia de Manabí. Geográficamente dentro de las tierras manabitas, aunque ricas en belleza, no hay fuente de provisionamiento de agua, retando a las necesidades del ser, sin embargo, como un mago dándole vida a los trucos, Manta no se rinde, con creatividad y destreza busca la manera de crear las fuentes vitales mediante trasvases o represas que crean los grandes almacenamientos de este líquido vital.
Cuando Manta empieza a tener vida, se cantoniza con la suma de más de 5000 personas, con las almas deshidratadas por poco aprovisionamiento de agua.
Con un rumbo hacia lo desconocido, sus líderes deciden empezar la búsqueda del tesoro perdido, fue en Pacoche donde su esperanza floreció en medio de aquel desierto de la necesidad.
En 1935 como un reloj que marca la hora de alivio, el acueducto se establece como un camino de solución, que vendría desde las fuentes de Pacoche, hasta el “descanso”, convirtiendo la avenida 24 y calle 14 en el cauce dorado de la esperanza
La población crece como una bola de nieve al desplegarse de una montaña, la necesidad se ve obligada a actuar por la Junta de Agua Potable, responsable hacer la entrega en 1963 del acueducto Caza Lagarto. “Convirtiéndose en felicidad el agua había tocado los corazones de todos como una gracia divina, y su abundancia fue tan significante que la creación de piletas de agua dulce iluminaba el panorama en la playa Tarqui, como un espectáculo innovador, reveló, Joselías Sánchez Ramos, historiador que se destaca por conocimientos en la vida pasada de Manta.
El despertar de un nuevo milenio habría empezado en el 2000, y la ciudad seguía creciendo como un árbol que expande sus raíces hacia el camino exitoso. El reloj marca el inicio de una nueva era, con esfuerzo y sacrificio de quienes derrochan la gota de sudor, la planta de El Ceibal fue inaugurada por el centro de rehabilitación de Manabí, como un naciente manantial que proyecta grandes oportunidades.
A mayor población, mayor solicitud de servicios básicos, mayor requerimiento de agua. En el 2016, la Empresa Pública de Aguas Manta, recibe 30.000 m3 adicionales de acueducto “La esperanza”, y se construyen dos plantas de potabilización.
Transportando vitalidad se encuentran las rutas valiosas como arterias vitales, tres acueductos se dirigen a salvar la necesidad de una sociedad en agonía. Manta importa agua de otros cantones, como El Ceibal en Rocafuerte, Caza Lagarto en Santa Ana, y la represa La Esperanza, ubicada en el cantón Bolívar.
En el transcurso de este viaje las tuberías que pasan por otros cantones, siendo otras jurisdicciones, presentan varias controversias como tormentas inesperadas. Desde donde se capta el agua cruda tiene que pasar por el proceso para ser potabilizada, y así poder estar lista para los diferentes sectores, donde existe una línea de 93 km de recorrido y otro camino de 53 km, desde el punto de captación hasta llegar a la planta.
El saqueo del tesoro de la naturaleza refleja un acto de codicia que debilita los cimientos de la sostenibilidad, esta causa de obtención de agua clandestina logra una consecuencia mayor, las rupturas en las tuberías creando espacios de fuga y desperdicio de agua. Todo esto suma un presupuesto de pérdida para las autoridades, son altos costos que la Empresa Pública de Aguas Manta es el encargado de financiar.
“La desalinización puede tener un costo más elevado que la potabilización, pero sería una inversión que valdrá la pena haciendo historia en Manta”, aseguró Carolina Vera, funcionaria de EPAM, mientras con su bolígrafo dibujada en su agenda datos referente al tema.
Con la llegada de la pandemia, EPAM comenzó a buscar recursos alternos, como la búsqueda de financiamientos no rembolsables, ya que la ciudadanía no estaba obligada a cumplir con los pagos, dándoles un respiro en momentos difíciles.
“Fueron tiempos llenos de adversidades para todos, donde la empresa se sintió sacudida por la terrible situación que se vivía, a pesar de acciones erradas y decisiones comprometedoras, se pudo cruzar cada obstáculo”, admitió José Bello, funcionario de EPAM, mientras su rostro expresaba lamento al recordar aquellos tiempos complejos.
A raíz de toda esta problemática de vida, con la nueva administración de quien en vida fue el alcalde Agustín Intriago, en el 2019 el cuerpo técnico de la Empresa Pública Aguas Manta (EPAM) tuvo apertura de dar propuestas técnicas, identificando las problemáticas y visionado proyectos de interés que permitan contemplar una solución a mediano y largo plazo, donde expertos abren su mente desafiando sus capacidades e iluminando el camino hacia el futuro.




