
Entre veredas, mercados, esquinas, terrenos vacíos, el 70 % de gatos sobreviven diariamente del hambre, ruido de las calles, enfermedades y abandono. Algunos felinos duermen debajo de autos, techos y entre escombros, otros en búsqueda de alimentos entre desechos, mientras esperan caricias de las personas que poca vez llega. Para rescatistas como Aura Zambrano cada gato abandonado representa una vida que merece de mucha protección.
La problemática de los gatos callejeros continúa creciendo en distintos lugares de la parroquita de Tarqui, donde varios felinos sobreviven entre mercados, cementerios, terrenos baldíos como si fuera una isla de gatos. La falta de esterilización funciona como una puerta abierta hacia la sobrepoblación de animal, la irresponsabilidad de algunos dueños alimenta muchas veces esta decena de abandono. Según publicaciones de El Diario Manabita ciudadanos denuncian las presencias de estos gatos en el abandono. Así mismo, organizaciones protectoras como PAE Ecuador y Fundación amigos Fieles desarrollaron campañas de rescate, esterilización y adopción de gatos responsable para enfrentar una realidad que aun dejan huellas dolorosas en las calles de la ciudad. En distintos sectores de Tarqui, las campañas de esterilización impulsadas por el Municipio buscan frenar la sobrepoblación felina, una marea silenciosa que cada año deja mas gatos expuestos al hambre y las enfermedades. Entre jornadas de rescate y cuidados, voluntarios y veterinarios luchan por devolverles un hogar a esos viajeros de cuatro patas.
Los rincones de las calles parecen esconder Historias marcadas por el abandono. Los callejones se han convertido en laberintos de supervivencia para aquellos pequeños viajeros de cuatro patas, que cada noche enfrentan una situación silenciosa del frio y hambre, con unas miradas cansadas que parecen faroles apagados. Algunos sobreviven alimentándose de restos de comida encontradas en basuras y cartones húmedos. Sus cuerpos tan delgados parecen
ramas secas golpeadas por el viento, mientras en sus ojos reflejan el cansancio de una batalla diaria contra el hambre y la soledad.
Huellas de abandono.
Muchas personas todavía observan a los animales como si fueran objetos olvidados y no corazones capaces de sentir miedo, hambre y dolor. ‘‘Existen personas que no logran crear un vinculo con los animales y termina abandonados como si fueran hojas arrastradas por el viento’’, confesó con tristeza la turista América Briones mientras observaba a varios felinos recuperándose dentro de un refugio improvisado.

‘‘Nunca imaginé cuanto amor podía recibir de un gato rescatado’’, recordó Aura Zambrano moradora del sector mientras acariciaba uno de sus gatos que estaba tranquilamente sobre la mesa. Con la nostalgia dibujada en su mirada, relató que todo empezó en el tiempo de pandemia donde un vecino tenia un gatito y cuando ellos salían el gato cruzaba constantemente hacia su hogar buscando alimento y protección. Lo que inició como simples visitas terminó convirtiéndose en un puente de amor imposible de derrumbar.
Muchos ciudadanos buscan ayuda urgente para sus mascotas encontradas en condiciones críticas, sin imaginar el gran esfuerzo que hace. ‘‘los doctores deberían ser más unidos y cuidadosos con los gatos’’, Confesó con preocupación el Dr. Ricardo López, mientras los veterinarios y rescatista intentan sostener esa pequeña vida, además, para él, cada rescate representa una vida de las garras.
Al caer la tarde, las calles siguen respirando historias que maúllan en silencio. Cada gato abandonado carga en sus patas el polvo de la indiferencia humana, como pequeñas sombras que caminan no los alcance. Sus ojos, parecidos a forales heridos por la noche, aún conservan una chispa diminuta de esperanza, esperando en refugio. Ellos no son basura perdida entre esquina ni fantasmas escondidos bajo los autos, son corazones pequeños latiendo contra la tormenta. Y aunque el abandono mucha vez ruja como un invierno interminable, siempre existirán a personas capaces de sembrar abrigo en el medio del frio, transformando las calles grises en caminos donde todavía florezca la compasión. Cada plato de comida, cada rescate y cada adopción se convierten en péquelos semillas de compasión capaces de transformar semillas de compasión. Porque los gatos callejeros no son parte de paisaje si sombras olvidadas bajo los autos, son seres vivos que sienten miedo, hambre y dolor pero que también guardan la capacidad de volver a confiar en el ser humano. Todavía existen personas que convierten, todavía existen personas que convierten la compasión en refugio. Un plato de comida, un manta o una jornada de adopción pueden cambiar completamente la vida de un animal abandonado. Cada acto de ayuda funciona como pequeña luz encendida en medio de una ciudad que muchas veces parece acostumbrase al sufrimiento silencioso de estos felinos.

Finalmente, los gatos callejeros no representan simplemente una problemática que la sociedad tiene hacia los animales. Sus miradas cansadas continúan esperando una oportunidad y cariño. Porque, aunque el abandono parezca extenderse como una sombra interminable, siempre existirán manos capaces de transformar el miedo en esperanza y las calles están más frías en camino hacia un nuevo lugar.




