Por Damián López
Cada día navegamos en un océano de pantallas, como náufragos voluntarios que buscan conexión en islas de reacciones y comentarios, deslizando dedo como quien pasa las cuentas de un rosario digital sin detenernos a pensar lo que dejamos atrás: tiempo, atención y presencia. Las redes sociales que alguna vez prometieron tender puentes, están transformando la forma en que los jóvenes se ven a sí mismos, alimentando la ansiedad, el aislamiento de la sociedad e incluso su manera de entender la realidad. En medio de la hiperconexión, también surge una desconexión silenciosa. La identidad digital comienza a pesar más que lo real, ya no basta con ser hay que parecer. Cada “me gusta” se convierte en una validación emocional, cada publicación devuelve un reflejo idealizado. Lo que descubrimos al mirar más de cerca es inquietante: para muchos jóvenes, ser auténtico en línea se ha vuelto una amenaza, y la versión editada de uno mismo es la única aceptable
Un estudio realizado por la Universidad Técnica de Manabí en 2024 reveló que la adicción a los entornos en línea es un fenómeno significativo y complejo que afecta a la población en adolescentes. Además, varios materiales audiovisuales revelan como estas plataformas impactan la salud mental y las percepciones interpersonales.
La psicóloga clínica Larisa Calderón, escucha historias que se repiten con distintos rostros. Desde un escritorio cubierto de libros subrayados y tazas tibias que no terminan de enfriarse, recoge jóvenes que llegan desbordados, como vasos llenos hasta el borde de una ansiedad que no siempre saben nombrar, afirma que muchos pacientes jóvenes le llegan con síntomas vinculados a la ansiedad provocados muchas veces por el uso excesivo de redes, detalló Calderón
Leydi Santana de 27 años, de piel clara, cabello oscuro, acompañada de un rostro sereno, su voz arrastrada por la tormenta que atravesó, decayó en una crisis de ansiedad al intentar sostener una imagen “perfecta”, en redes y en la sociedad que la rodea. “Sentía que no podía con esta crisis de ansiedad, muchas veces pasaban cosas por mi mente muy feas, pero busqué ayuda psicológica y fue ahí donde conocí a la psicóloga Larisa Calderón quién me ayudó a salir de este caos que estaba atravesando”, puntualizó Santana
Según datos del El ministerio de telecomunicaciones y de la sociedad de la información registra que en el Ecuador un 91% de la población hace uso de los medios sociales, lo que equivale a 14,6 millones de usuarios. De este grupo, el 49% son mujeres y el 51% hombres. En el área urbana, el 92,4% de los ciudadanos acceden a las redes sociales a través de sus teléfonos móviles, mientras que en el área rural el 82,88% de las personas con celular también lo hacen. De tal manera que las redes no solo han cambiado la manera en cómo accedemos a la información.
Una nota publicada por el diario El Comercio en octubre de 2014 advierte que el 82% del Ciberacoso en el país se da por redes. Demostraron de como el uso excesivo de estas plataformas está afectando a la sociedad sobre todo en jóvenes.

La identidad en exposición constante
Otro impacto menos visible es la forma en que las redes influyen en la construcción de identidad. Cada publicación, cada historia o cada video que subimos moldea una versión de nosotros mismos que muchas veces buscamos validación externa.
Johanna López una joven de 19 años, de cabello oscuro, piel de color canela, ojos de color negros, confiesa que pasó cuidando cada detalle que publicaba en redes “No era yo, era lo que pensaba que los demás querían ver. Llegué a pensar a un punto en que ya no sabía si lo que mostraba me representaba o solo era parte de un personaje.”, detalló López.

La Socióloga Lucia Cevallos sostiene que esta exposición constante genera nuevas formas de presión. “Antes era el cuerpo perfecto o el éxito laboral. Hoy, además, se espera que tengamos vidas estéticamente agradables y opiniones perfectas. Esto es demasiado agotador”, aseveró Cevallos.
Resistencias y otras formas de habitar lo digital

Frente a este panorama, la Organización UNICEF promueve campañas para el uso responsable de las comunidades virtuales sobre todo en jóvenes, algunos usuarios están optando por la “desintoxicación digital” desconectarse por periodos, reducir el tiempo en redes o usarlas de manera más consciente.
Esta práctica busca romper con el ciclo de exposición constante y retomar el control sobre el tiempo, la atención y la salud mental. A pesar de la presión del entorno digital, empieza a crecer una tendencia hacia lo auténtico.
Romina Cajape de 22 años, estudiante de Agroindustria de la Escuela Superior Politécnica Agropecuaria de Manabí Manuel Félix López (ESPAM MFL), compara el uso de las redes sociales con el cuidado de un producto. “No se trata solo de estar presentes en plataformas digitales, sino de saber para qué lo estamos”, sostiene la joven. Para ella, cada publicación debería ser como una siembra pesada “Lo que subimos puede influir en otros, así como una mala semilla puede dañar toda la cosecha”, puntualizó Cajape.

Las historias de Leydi, Johanna y Romina no son excepcionales: reflejan una generación que vive dividida entre lo que es y lo que muestra. A través de sus voces, y con el respaldo de datos y análisis, se confirma que el impacto de las plataformas digitales va más allá de lo virtual: moldea la identidad, afecta la salud emocional y altera nuestra forma de estar en el mundo.
No busca señalar culpables, sino invitar a pensar. En un tiempo donde al parecer importa más que ser, que mirar hacia dentro se vuelve necesario. Estas comunidades digitales pueden conectar, expresar y construir comunidad, pero también confundirnos si no aprendemos a usarlas con responsabilidad
No se trata de apagar las pantallas, sino de prender otras luces: las que nos devuelvan a lo auténtico. Porque tal vez la clave no esté en dejar de estar en línea, sino en elegir como habitamos ese espacio.




