Por: Leslie Quiroz
La parroquia Eloy Alfaro consta de 47 barrios, y enfrenta una grave problemática de inseguridad, con una cantidad de 56 delitos violentos, como, homicidios asaltos y extorsiones. Se considera una de las parroquias más conflictivas de la ciudad.
José Villafuerte de 71 años, es uno de los primeros moradores del barrio Cuba, recordó cómo fueron sus inicios tras emigrar desde otro cantón. “Llegamos a vivir en 1971, cuando solo eran unas colinas enormes y puro monte”, relató que los barrios vecinos como Santa Clara y los Quioscos, eran centro de distribución de droga y hasta ahora se mantienen. “Todo era muy tranquilo, pero después se dañó, por tanto, robo y venta de droga los taxistas no quieres ingresar al barrio”, afirmó José, con mirada de tristeza y resignación al recordar el lugar que alguna vez fue seguro.
Lo que causa tanto asombro es ver cómo niños de 12 años fuman en el parque con total normalidad sustancias fuera de la ley. Algunos de ellos son manipulados por presuntos delincuentes, para que trabajen con ellos, y así cometer algún delito acotó uno de los moradores desesperanzado.

Luis Macias de 30 años admitió que desde muy pequeño su infancia fue marcada por la violencia, viendo maltrato por parte de su padre a su madre desde muy pequeño. Nunca le llamó la atención estudiar, solo quería pasar en la calle porque era el ejemplo que su padre le daba. Según contó las malas juntas llegaron y, por añadidura, los vicios. “A mis 12 años probé cocaína y marihuana”, acotó el joven flaco, esbozando una sonrisa.

El cabo primero de la Policía Nacional, Daniel Medina, enfatizó que el incremento de muertes violentas en la zona está relacionado con las disputas de los territorios para la distribución de sustancias ilícitas. “Desde el asesinato de Jorge Luis Zambrano alias “rasquiña” exlíder de la banda delictiva “Los Choneros”, generaron conflictos y se crearon otras bandas delictivas como “Los Lobos” y “Los Pepes” causando revuelo entre los jóvenes”, aseveró el cabo Medina con su honorable uniforme, mostrando preocupación tras esta situación que cruza no solo la ciudad sino también todo el país.
Para nadie es un misterio que la sociedad ha decaído con la crisis del país, la llegada de los extranjeros trajo consigo la delincuencia, no es que no haya existido ya, solo que empeoró. La pobreza también es uno de los factores principales en los que los antisociales manipulan a los jóvenes para ser parte del crimen organizado aseguró una fuente que prefirió tener el anonimato.

Silvana García una madre desesperanzada por la vida que ha llevado su hija de 20 años, Ashley Loor, reveló que vivió mucho maltrato por parte del padre de Ashley. El padre consumía cocaína y Ashley observaba. Después de 12 largos años viviendo en un continuo maltrato, justo al frente de la casa asesinaron al padre de Ashley. “Después de la muerte de su padre, ella empezó a consumir cocaína, estuvo en centro de rehabilitación al final pudo salir de toda esa situación”, profundizó amablemente la señora García.

Por otro lado, Ashley Loor admitió que al ser una adolescente y ver como la mayor parte del barrio Santa Clara estaba en malos pasos. Ella se perdió en ese mundo donde, aparentemente, todo era de color de rosa por momentos, mientras veía cómo sus amistades morían y cómo ella era parte de todo esto. Al final Ashley se recuperó de esa mala vida. “No me arrepiento de mi pasado, creo que de los errores uno debe aprender”, precisó la chica de cabellera negra como la noche.
EL Observatorio Ecuatoriano de Crimen Organizado (OECO) muestra que, en el 2024 en Manta se registraron asesinatos a 268 víctimas y en lo que va del este año 2025 se han registrado más de 456 muertes violentas en toda la ciudad.

El patrón que se muestra en las estadísticas de la parroquia Eloy Alfaro es un poco preocupante. El constante enfrentamiento entre bandas por el control del territorio mantiene al sector como una zona roja de Manta, coinciden las fuentes auscultadas.

Una encuesta realizada a los moradores de la parroquia Eloy Alfaro demostró que la delincuencia se ha incrementado y que la presencia policial es insuficiente. Los ciudadanos asocian la violencia con la falta de empleo y educación.

Anthony Piguave de 24 años detalló que no tuvo una infancia difícil, pero, como la mayoría de las familias solo creció con su madre y su hermano. Su hermano andaba en malos pasos con la venta de droga. “Vi morir a mi amigo, porque no les quedó bien a sus verdugos”, admitió. “La falta de dinero, oportunidades y la necesidad me llevaron a hacer lo que hago para poder sacar a mi madre adelante “, lamentó el joven con una expresión de tristeza.
Aron Vélez es un joven de 23 años que proviene de una familia de cuatro integrantes su mamá su papá y su hermana. Confesó que desde que él lo recuerda su mamá recibía abuso físico por parte de su padre. “El siempre venía drogado a pegarle a mi mamá”, susurró. A los 10 años de edad, su madre decidió separarse al enterarse que había sido engañada. En ese entonces aún no vivían en Manta, residían en la concordia. Su madre también se fue a otra ciudad a trabajar, y eso fue el detonante de todo. Aron empezó a drogarse y su hermana Melanie también. “Busqué refugio en las drogas porque quería el amor de mi padre, siempre lo busqué y él nunca estuvo”, Lamentó mientras le rodaban las lágrimas por sus mejillas. Pero sus ganas de superarse fueron más fuertes que los vicios. “Mi esposa ha sido un apoyo fundamental para ser un buen hombre”, aseveró mientras los ojos del joven se iluminaban con la luz de la mañana.
Enzo Piguave estudiante universitario, relató que él vive en el barrio Nueva Esperanza. A partir de las 18h00, los ciudadanos cierran las puertas de sus casas y locales. “Varias personas nos han intentado vacunar por el trabajo de mi padre”, reveló Piguave.
En la parroquia Eloy Alfaro, el miedo es parte del día a día de los moradores. Los habitantes salen de casa con esperanzas de regresar. En las esquinas donde los niños antes jugaban, ahora están en total abandono.





