
Bajo las luces intensas en el Coliseo La California en Portoviejo, el sonido del balón rebotando contra la duela parecía un trueno encerrado entre paredes. El ambiente hervía lentamente mientras las gradas comenzaban a llenarse de estudiantes y susurrando de apuestas de quien ganaba, familiares y aficionados que golpeaban las gradas con emoción. Sobre la cancha, diez jugadoras, cinco por cada equipo, calentaban con movimientos rápidos y miradas tensas, preparándose para una batalla deportiva entre la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí y Universidad Técnica de Manabí. Con muchos nervios el partido arrancó con cautela. Ambos equipos movían el balón como quien estudia el terreno antes de una tormenta. Las jugadoras suplentes permanecían inquietas en la banca, golpeando el piso con los zapatos y levantándose constantemente para observar mejor cada jugada desde un costado el entrenador Borys Martínez caminaba lentamente con los brazos cruzados y el rostro serio. Por otro lado, Jordan Arroyo reaccionaba con intensidad, levantando la voz y señalando espacios vacíos dentro de la cancha.
‘‘Este partido no se va a ganar fácil’’, susurró la jugadora Valeria Quiroz durante una pausa del compromiso. La futbolista mantenía las manos sobre sus rodillas mientras recuperaba el aire y observaba el marcador con evidente tensión.
Aunque la UTM fue la primera en golpear. Un remate potente cruzo a la defensa y termino dentro del arco, apagando por unos segundos los gritos de la hinchada mantense. Sin embargo, la reacción de la ULEAM llego rápido. El empate apareció después de una jugada veloz por la banda derecha que terminó sacudiendo la red rival. El 1-1 despertó nuevamente las gradas y convirtió el coliseo en un hervidero de emociones. Desde las tribunas, los aficionados rugían como una sola voz. Algunos agitaban camisetas al aire, otros grababan cada jugada con celulares temblorosas. El ruido de los estudiantes chocaba contra las paredes del escenario deportivo mientras las barras coreaban los nombres de sus universidades.
‘‘Había momentos donde parecía que cualquiera podía quedarse con el partido’’, afirmo un aficionado de la ULEAM Jostyn Ramírez mientras golpeaba con fuerza la baranda de las gradas. El seguidor no dejaba de mirar la cancha y celebraba cada recuperación del equipo mantense como si fuera un gol.
En los alrededores de la cancha, los médicos y asistentes deportivos permanecían atentos a cada choque. Varias

jugadoras terminaron tendidas sobre la duela después de barridas intensas y disputas fuertes por le balón. Cada vez que una futbolista caía, el personal médico ingresaba rápidamente con vendas y botiquines mientras el público guardaba silencio por algunos segundos. coliseo explotó nuevamente. Los entrenadores daban órdenes al borde de la cancha El segundo tiempo dejó atrás la cautela y se convirtió en un autentico vendaval. Las jugadoras corrían con desesperación, como si el reloj les respiraba sobre la espalda. Cada ataque levantaba gritos y cada error hacia temblar a las bancas. La ULEAM encontró el 2-1 después de una jugada colectiva que atravesó la defensa rival como un cuchillo en el agua. Pero la UTM respondió poco después y empato 2-2, aprovechando un descu8ido defensivo. El mientras las suplentes gritaban instrucciones y agitaban toallas desde la banca.
‘‘Nos confiamos por momentos y ellas aprovecharon cada espacio’’, confesó Jordan Arroyo luego de uno de los tiempos muertos. El entrenador mantenía el ceño fruncido mientras acomodaba rápidamente su pizarra táctica.
Cuando el reloj marcaba los últimos segundos, el partido encontró su momento más dramático. La ULEAM consiguió un tiro libre cerca del área rival. El ruido desapareció por un instante y el coliseo quedó atrapado en un silencio pesado. Anahí Zambrano acomodó el balón lentamente mientras respiraba profundo. Desde la banca, Borys Martínez levantó el puño con nerviosismo. Las jugadoras suplentes observaban de pie, sujetándose la cabeza y conteniendo la respiración. El disparo salió con violencia, dibujando una curva prefecta que termino besando la red. El balón estremeció el arco y el coliseo exploto en un grito interminable. Gol. El definitivo 3-2.
‘‘Solo pensé en pegarle fuerte y confiar en el trabajo del equipo’’, afirmó Anahí Zambrano después del encuentro. La autora del gol decisivo sonreía entre lagrimas mientras sus compañeras la abrazaban en medio de la celebración.
Con esta victoria, la ULEAM consiguió la clasificación hacia la siguiente fase que se disputará el próximo 15 de junio en Guayaquil. Cuando las luces comenzaron a apagarse y el publico abandonó lentamente las gradas, solo quedaron los ecos de cuarenta minutos intensos que transformaron un partido universitario en una noche imposible de olvidar.





