Las primeras horas de la tarde transcurrían entre el sonido de las olas, la música de los parlantes y el ir y venir de familias que buscaban un espacio frente al mar. En la playa El Murciélago, el feriado parecía dibujar una postal perfecta: niños corriendo sobre la arena, vendedores recorriendo la orilla y turistas que intentaban capturar cada instante con sus teléfonos. Sin embargo, cuando el movimiento comenzó a disminuir y el sol inició su descenso hacia el horizonte, una imagen distinta empezó a emerger entre las huellas que quedaban marcadas sobre la costa.
El sol comenzaba a descender sobre la playa El Murciélago cuando la multitud empezó a retirarse. Entonces apareció una imagen que contradecía la postal turística del feriado: botellas, fundas y envases dispersos sobre la arena. La playa silenciosa, conservaba las huellas del paso de miles de visitantes. Para comerciantes y trabajadores, esta situación se ha convertido en una preocupación recurrente durante cada temporada de alta afluencia.

Desde su puesto de trabajo, donde vende micheladas y bebidas alcohólicas, Iris West sostuvo que durante anteriores temporadas vacacionales observó un incremento considerable de la basura. “Quiero aclarar que no somos nosotros quienes dejamos la basura, al contrario, nosotros recogemos y ayudamos con la limpieza”, puntualizó. Según argumentó, muchos visitantes llegan desde otras ciudades, consumen alimentos y bebidas, pero posteriormente abandonan los residuos en cualquier lugar. La comerciante afirmó que los plásticos son los desechos que más se observan después de las jornadas de mayor concurrencia y señaló que esta situación termina afectando directamente a los trabajadores de la playa. “Nos acusaban a nosotros por vender, cuando en realidad la basura la dejan los visitantes”, recalcó.

Una percepción similar mantiene Martha Toapanta, vendedora de jugos de coco y refrescos, quien advirtió que la presencia de residuos genera una imagen negativa que incluso puede reducir la llegada de turistas. “En redes sociales se publicaron fotos de la playa sucia y eso dio una mala imagen. Muchas personas piensan que la playa siempre está así y prefieren no venir”, lamentó.
Ambas comerciantes coincidieron en que los trabajadores realizan mingas y colaboran constantemente con las labores de limpieza, aunque consideran necesario que existan más tachos de basura y campañas de concienciación dirigidas a los visitantes. Mientras unos disfrutan del paisaje por unas horas, otros deben recoger las marcas que deja el feriado sobre la costa.

Entre quienes recorrían la playa durante el feriado también surgieron distintas opiniones sobre el estado de limpieza. Jonathan Chilaza Mora, visitante del balneario, consideró que el mantenimiento general fue adecuado, aunque advirtió la existencia de sectores donde todavía se acumulan residuos. “He visto a muchas personas que colocan su basura en fundas y la llevan a depositarla en los lugares destinados para los residuos”, reflexionó. No obstante, señaló que aún falta orientación preventiva durante los eventos masivos para evitar que los desperdicios terminen dispersos en la arena o lleguen al mar.

Por su parte, David Álvarez, turista procedente de Ambato, destacó la labor realizada por el personal municipal. “La impresión que me causó el estado de la limpieza fue excelente”, valoró al comparar El Murciélago con otras playas que ha visitado en el país. Sin embargo, también advirtió que la contaminación influye directamente en la experiencia de los turistas, ya que las personas buscan espacios limpios y agradables para disfrutar de sus vacaciones.
buscan espacios limpios y agradables para disfrutar de sus vacaciones. Ambos coincidieron en que la responsabilidad no recae únicamente en las autoridades, sino también en los ciudadanos que visitan estos espacios públicos y deben asumir el compromiso de recoger sus residuos. Después de todo, cada funda y cada botella abandonada terminan escribiendo una pequeña cicatriz sobre el paisaje costero.
La contaminación en las playas va más allá de El Murciélago. Manta cuenta con varios balnearios, entre ellos Tarqui, Los Esteros, Barbasquillo, Piedra Larga, San Mateo, Santa Marianita y Ligüiqui, que reciben miles de visitantes durante los feriados. Debido a su alta afluencia turística y actividad comercial, playas como Tarqui y El Murciélago suelen registrar una mayor acumulación de residuos, principalmente botellas plásticas, fundas y envases desechables. Estos desperdicios, cuando no son recogidos adecuadamente, terminan siendo arrastrados por el viento o las mareas y afectan el ecosistema marino. El mar, paciente guardián de la costa, recibe muchas veces aquello que los visitantes olvidan recoger. Mientras las olas continúan llegando a la orilla, la arena conserva las huellas de quienes disfrutaron del feriado. Mantener limpias las playas depende no solo de las jornadas de recolección, sino también de la responsabilidad de cada visitante.




