Por: Angie Intriago
Una mujer luchadora, trabajadora y guerrera de la vida, madre de 2 hijos y divorciada. Es la que se levanta a las 5h30 el primer rayo de sol, da su primer estirón, mientras camina, limpia las lagañas que posan en sus ojos, camina con cierto recelo a preparar el desayuno a sus descendientes, cuando su alarma suena a las 6:20, sale de su hogar con prisa para dirigirse a su lugar de trabajo.
Lleva su pelo hacia atrás, recogido y bien peinada con un moño negro que cae a juego como si de un uniforme se tratase, el aroma de su café empapa su hogar y va rociando ese distintivo olor por dónde camina. Luce, cansada pero no le queda más que seguir.
Sus pasos al salir de casa son con prisa. Camina por una reducida vereda que la lleva a una parada de bus. Allí, agarra el transporte que la dejará al frente de su trabajo. Mira el reloj que adorna levemente su muñeca derecha. La hora del trabajo se acerca.
La aguja del reloj marca las 7:30 y Maritza Delgado Mero o como le dicen de cariño Mary llega a su puesto de trabajo.
- Llegué con las justas- susurró al oído del guardia.
En el pasillo del trabajo, en el segundo color gris con azul, saluda con alegría a su hermana Ercilia Delgado Mero, con quién trabaja hace 4 meses, ambas han laburado en fábricas de enlatar atún, para diferentes empresas que las contratan cuando hay basta producción, las contratan por tiempo indefinido, en especial a Maritza por su situación actual.
Se ubica su mandil, gorro y guantes, con cuidado y sutileza recoge las etiquetas para empezar a empacar las latas de atún, las revisa de lado y lado trata de que sean perfectas la cubre con una fina capa de pegamento como si de un pastel se tratase las recubre con sutileza.
De 7:30 a 19:40 es el horario de trabajo de esta mujer que forma la cabeza del hogar, sin embargo, lleva el peso de una gran responsabilidad, cuidar y velar por el bienestar de sus dos hijos. El padre de ellos, los abandonó hacia océanos de la indiferencia, dejándole una negra nube a su paso que la recuerda noche tras noche.
Lucha por avanzar sin que le falte nada en su vivienda, desde la comida hasta el amor y la felicidad que les brinda, nunca deja que se no se sientan escuchados, su mente tiene presente los recuerdos vividos junto a sus retoños.
- Soy capaz de madrugar y trabajar extra, todo por el bienestar de ellos, para mi están primero- enfatizó
Debido a que la mayor parte del tiempo su trabajo ocupa gran parte de su día y no se encuentra cerca, tuvo que buscar a una persona que cuidara y vigilará a los pequeños.
Para aligerar la carga de la cuidadora y la de su monedero, deja cocinada la comida por la noche, al día siguiente la niñera se encarga de calentar el desayuno que servirá de recreo para los niños, de esta forma solo se encargará de preparar el almuerzo para la llegada de los niños.
Después de un pequeño receso, con ayuda de intermediarios, empiezan a realizar sus tareas que los docentes les han dejado y esperar, en el brillo de la noche el calor de los brazos de su mamá.
Los días que tiene libre son los domingos y martes, los dedica a crear en la mente de sus hijos recuerdos de alegría y caridad.
Muchas veces no todo en la vida para esta mujer ha sido color salmón, el estar largos días de trabajo muchas veces son una angustia, pero no tiene otra salida, el cansancio en su cuerpo tiene una motivación especial.
Al retornar a casa, Mary recibe el conmovedor beso de sus hijos, esta escena derrocha un cuadro de amor. Se convierte en la parte más feliz de su día, se siente como si se despojara de su agotamiento. No hay madre más feliz que la que es amada por los seres que vio respirar y los sigue viendo crecer.
La ausencia de la imagen paterna no solo ha sido un gran factor que altera la estabilidad de esta familia, sino, que a su corta edad estos pequeños se encuentran repletos de preguntas que Maritza no sabe contestar. El no saber nada de su papá por meses les hace sentir un vacío en casa.
Lo que no saben los niños es que su padre se marchó luego que su mamá se cansara de un torbellino de maltratos, un flujo constante de violencia que trajo consigo un oleaje de problemas, que terminó asfixiando la relación y que hizo que causara miles de dificultades y la separación.
El amoratado había atravesado el cuerpo de Maritza, pero un día cansada de los golpes, ella decidió arrancar las esposas del maltrato y dar un paso al costado de una nueva vida.
Se alejó, cual borrego huye de su acechador. Desde entonces, del padre no se sabe ni la sombras. Sin embargo, mientras caían lágrimas que mojaban su rostro como si fuesen gotas de lluvia en el parabrisas.
Maritza decidió ponerse los pantalones de su hogar, ser padre y madre para sus pequeños, está exhausta, pero juegan por la noche y revisa que estén todas las tareas estén correctamente, acuesta a sus hijos, los arropa, les da un beso, desde lejos los contempla. Maritza cierra sus achinados ojos con la certeza que mañana será un mejor día.
La encuesta nacional sobre relaciones familiares y violencia de género contra las mujeres estipula que en Ecuador 1 de cada 4 mujeres ha sufrido de violencia doméstica, a nivel nacional un 56,9% son incapaces de arrancar las cadenas del maltrato y vive con su verdugo.
En Manabí, Maritza pasa ser parte de 3 de cada 10 mujeres que son el sostén del hogar. A pesar de que el MIES facilita un bono para madres solteras en lo extenso de Ecuador, este beneficio no abraza a todas las madres solteras, siendo beneficiadas las que más inoportunidad tenga, dejando desamparada a valerosas mujeres que viven su día a día por sus hijos.






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