Por: Sheyla Mendoza López
Quienes deambulaban la calle Malecón presencian un ambiente de fiesta, con la cálida compañía de quienes bajo carpas de color blanco, desafían la temperatura del sol.
En la mañana diáfana, con el reloj marcando las diez, una dulce voz provenía del escenario de la plaza, contagiando el ambiente de serenidad. Aclimatando a los visitantes e invitándolos a sentarse en las sillas bajo una carpa al aire para iniciar la Misa Campal, con el Monseñor Eduardo Castillo, obispo de la iglesia La Merced.
Los creyentes en espera del inicio de la ceremonia esbozan sonrisas al oír los cantos de apertura, el sonido de una guitarra junto al toque tenue de una batería. Las olas del mar disipando el sonido veloz de los carros que transitan la carretera a unos metros de este clima sacerdotal. Inician la ceremonia con el advenimiento del silencio y la contemplación de los creyentes.
En los extremos de este centro de espiritualidad se culmina la preparación del lugar de trabajo de varias personas invitadas, ocurre el ensamble en los tubos de metal, que se arman y se desplaza la extensión de la lona para cubrir esta metálica estructura donde generar sombra a los emprendedores, visitantes y celebres invitados a esta ocasión especial.
El viento disipa las nubes del cielo, permitiendo a los rayos del sol posarse sobre el cemento.
“Ten piedad de mí, oh, señor. Ten piedad, ten piedad de mí”, vociferó Rosa Jiménez, emprendedora, mientras tiende los manteles sobre las maderas de color café para convertirlas en un colorido mostrador, mientras corea la melodía que transcurre de fondo.
En el lado derecho de la plaza, con la brisa de unos cuantos árboles. “Aquí se crece en el ámbito de la creatividad, uno usa los dones que tenemos dentro de nosotros, como artesanos, decoradores. El encuentro con nuestras fases para poder trabajar”, atestiguó Carolyn Flores Aguirre, dueña del emprendimiento Equilibrio verde, cuando toma con las manos un helecho y lo coloca sobre la mesa de mantel rojo.
El tránsito de nubes continúa desapercibido sobre las cabezas de las personas en el espacio, la melodía de fondo del evento se sostuvo en la voz de Fernando Arias, presentador de los emprendimientos y los artistas que invadieron el escenario con la puesta de escena de su arte, disciplina y esfuerzo.
Una vez otorgada la bendición del cura en la misa, hombres, mujeres, niños, y niñas se levantaron de sus sillas pronunciando al unisonó. “¡Amén!“, mientras el cura creaba con las muñecas de sus manos una cruz denotando la bendición hacia todos los presentes que con ojos cerrados estaban frente a él.
Con la despedida y las miradas pacificas de los invitados bajo la carpa, un caballero de tez blanca llevando dos ramos de rosas entre sus brazos, repartió a cada asistente quien se dio cita en las sillas de la plaza cívica donde celebrar la eucaristía.
Navegando el rojo, y blanco de las rosas desde las manos que regalan y las sonrisas que nacen en quienes reciben. Fernando Arias inicia el programa con calidez y fuerza en su entonación.
“¡Y con ustedes, la orquesta Tropi Manta!”, arengó Arias desvaneciéndose entre los instrumentos de la banda.
Jaiden Mero, marcó el compás con el pie sobre la base de madera que forra el cemento del escenario, mientras sostenía un bajo con una cuerda color rojo que se desplazaba por su espalda. El merengue se expandía hasta el espigón de Manta, con los bailes de los músicos, vistiendo camisetas estampadas de alegres colores tropicales.
“Somos Tropi Manta en una colaboración para la Cámara del Comercio, en este lindo puerto que nos vio nacer”, destacó Ider Muñoz, representante del grupo, vestido de negro, con una boina del mismo color.
La combinación de las voces en los coros, se marcaban en cada golpe del timbal, que con destreza ocasionaba que las damas con los caballeros, audaces; meneen las caderas con gracia en el baile, y disfruten cada pieza musical. Los músicos, que entonaban los saxofones adornaron cada ritmo, con la mirada fija en el atril donde posaban las partituras para el deleite de los bailarines. El sol brillo danzando con sus rayos de luz, acompañando la energía en cada paso de baile que realizaron los asistentes a priori de las canciones.
Las personas que transitaban en autos, motos o buses en la calle Malecón no podían evitar dirigir su mirada al escenario de la plaza cívica por el movimiento súbito y uniforme de las faldas del grupo de baile contemporáneo del Litoral Spondylus dirigido por la maestra Yuri Rivas, en una colorida presentación del ballet folk a la 13:30.
Hacia la izquierda ondeaban las telas de las faldas con colores blanco, rojo, amarillo, semejantes a las olas del mar que velaban pacificas al otro lado de la calle.
Posteriormente los aplausos llegaban cual gotas de agua en una tarde de lluvia, sobre la plaza fértil en talentos.
En el evento se mostraron los rostros de bellas mujeres, entre ellas la Reina de Los Esteros, Angie Blacio dando la bienvenida a quienes fluían por las entradas de la plaza. A los costados de esta, tres hileras de carpas creaban dos corredores por donde desplazarse y visualizar las mesas con los productos que se lucían sobre los blancos y rojos manteles, rebosantes de artesanías, bebida, ropa, agua de coco, cocteles, sanduches de chancho, helados, variedades de comercios que se distinguían en los carteles colocados con cinta en la parte frontal del largo de los manteles, detrás de ellas la agradable atención de los dueños de todo el arsenal de productos.
Todos los emprendimientos y artistas invitados el domingo 22 de octubre condicionaron el festejo, en una fecha llena de talentos. Gracias a la organización de Aurora del Valle y María Esther Asanza coordinadoras de la Feria de emprendedores en honor al festejo de la Cámara del Comercio, en el mes del arte y la cultura de la ciudad de Manta donde con encanto se aventuró el arte y el comercio desde las 10 de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Además, se disfrutó de una espléndida tarde acompañada de la eucaristía, tradición histórica en la cual se bendice el comercio del puerto atunero y de todo el Ecuador.





