Por, Jean Carlos Pinoargote
En un majestuoso amanecer, la Uleam se preparaba para un evento que iluminaría los corazones de los presentes. El Paraninfo, joya arquitectónica de la institución, se erguía como un templo de conocimiento, con sus columnas majestuosas y sus muros que guardaban siglos de sabiduría.
El día, fresco como un lienzo en blanco, prometía un nuevo horizonte para aquellos que se congregaron en ese recinto sagrado. La ocasión, la incorporación de la Facultad de Ciencias Sociales, Derecho y Bienestar, carrera de trabajo social, fue un acto de trascendental importancia, como la unión de varios ríos que se encuentran en un solo cauce, formando un torrente de fuerza y propósito.
Daniela Delgado, estudiante dedicada y apasionada, se graduó con honores y puntualizó, “el compromiso y dedicación, se convirtieron en la motivación para obtener finalmente este reconocimiento que enorgullece a mis familiares y amigos cercanos”.
«El aprendizaje es como un viaje en constante exploración, y cada día en la universidad fue un paso más cerca de ser un faro de cambio en la sociedad», añadió Jipson Bravo con entusiasmo entre su discurso en una ronda de amigos, en la que las risas y felicidad eran notorias.
Las paredes del Paraninfo parecían susurrar historias de generaciones pasadas que habían compartido sus sueños y aspiraciones en aquel mismo lugar. Los reflectores, que se filtraba a través de los vitrales, se dispersaban como un arco iris de posibilidades sobre el escenario, donde los estudiantes se preparaban para cruzar el umbral de una nueva etapa en sus vidas.





