Juan Pablo Buri Naranjo
El embarazo adolescente es un caso que invade como un huracán la infancia de niñas que no decidieron tomar un camino a la maternidad. El Ecuador se enfrenta a un pico muy alto de embarazos prematuros en niñas de 10 a 14 años de edad que no tuvieron opción a disfrutar lo dulce de la infancia, la falta de conocimiento o charlas sobre cómo prevenir el embrazo es uno de los muchos temas que tratan de abordar para evitar el crecimiento de la población, pero en el país la tasa de embarazo no depende únicamente de los métodos anticonceptivos, los embarazos pueden ocurrir por factores como la violación.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en mi país el 12% de las mujeres de 10 a 19 años de edad, ya tienen un hijo o han experimentado al menos un embarazo, además es la tasa más alta en Sudamérica, no es novedad que, en los últimos diez años, aumentó los partos en adolescentes de entre 10 y 14 años en un 78%, a diferencia de las mujeres de 10 a 19 años con un 11%. La principal causa que envuelve en una nube gris la infancia de las niñas ecuatorianas es el acoso o la violencia sexual, pese a las distintas organizaciones que protegen a los infantes de estos daños en específico, la tasa de embarazos sigue en aumento como los granos de arena en la playa.
Estas cifras dejan al descubierto la incompetencia de las distintas organizaciones dedicadas al cuidado y protección de las menores embarazadas, a esto se incluyen factores como la desinformación que hay en sectores alejados de la ciudad, estos son los sectores con más indicie de embarazos a temprano edad, que también incrementan la estadística de las familias pobres en el país.
El futuro de las niñas y adolescentes no debe ser truncado por ningún factor, deben capacitar tanto en las unidades educativas como en los hogares de cada ecuatoriano, entre más terreno se cubra, las estadísticas disminuirán y los sueños de las niñas y adolescentes florecerán gracias al riego de la información.





