Por: Alejandra Pinargote
Los azares de la vida te llevan a tener circunstancias difíciles y dolorosas, tan inexpugnables que requieren de un milagro, para salir avante de ellas, y la sala de un hospital tiene, envuelta en sus paredes varias de ellas.
Un área oncológico infantil guarda las historias de inocencia de niños, que no entienden lo que sucede, pero batallan a diario con el peor de los enemigos, de forma intrusa se quieren apoderar de su cuerpo, para despojarlos de su inocente infancia
En el escenario de la vida, donde los telones de la incertidumbre caen abruptamente, a veces, se despliega un acto de valentía y perseverancia que brilla como una estrella en la noche más oscura. Es la historia del cáncer vencido, un drama interpretativo donde el protagonista es la vida misma, luchando contra las sombras implacables de la enfermedad.
El cáncer, es un vil villano que acecha en las sombras del cuerpo humano, se convierte en un feroz adversario en esta narrativa. Es el dragón de una historia épica, un monstruo que amenaza con devorar todo lo que es hermoso y vibrante. Pero, como en cualquier cuento de hadas, la resistencia surge desde lo más profundo del alma.
El diagnóstico es como el oscuro telón que se cierne sobre el escenario de la vida. Las luces de la incertidumbre parpadean, y el miedo se cierne como una tormenta inminente. Pero en medio de la tormenta, se encuentra el protagonista, la persona que se enfrenta al desafío con coraje y determinación.
La quimioterapia y la radioterapia son como las espadas en esta batalla teatral, herramientas que cortan y queman, pero que también abren el camino hacia la curación. Los efectos secundarios son los obstáculos en el camino, los momentos oscuros en el tercer acto que amenazan con apagar la luz de la esperanza.
La danza de la vida y la muerte, donde cada día es un paso, una pirueta, un giro inesperado. La melodía de la supervivencia suena en el fondo, y el protagonista se convierte en un bailarín valiente, enfrentando cada desafío con gracia y resiliencia.
Como un malévolo intruso, el linfoma de Hodgkin se infiltró el cuerpo inocente como un ladrón sigiloso en la noche, tejiendo su telaraña de células enfermas. Como el fuego que arrasa un bosque, el cáncer amenazaba con devorar la vitalidad de una vida que apenas empieza, dejando tras de sí un rastro de incertidumbre y desesperación.
La doctora Sasha Briones, una experimentada navegante en el mar de la medicina, se convirtió en el timón de este viaje de sanación. Su sabiduría y experiencia eran como la brújula que guía al barco en la noche más oscura. Con manos seguras y corazón compasivo, la doctora Sasha se enfrentó al linfoma como una hábil capitana que no cede ante ninguna tormenta. «Es una niña valiente que tenía por delante una batalla difícil. Pero estábamos decididos a luchar junto a ella, a ser su luz en la oscuridad», señaló Briones.
El tratamiento fue como una tormenta en alta mar: difícil, impredecible y llena de altibajos. Y es admirable que una niña apenas de doce años, con su valentía, semejándose a una guerrera, luchó contra las olas de la enfermedad, una alegoría viviente de la resistencia humana ante la adversidad.
A medida que el tiempo pasaba, el cáncer comenzó a ceder terreno, como una marea que retrocede lentamente. La perseverancia de la menor, el amor incondicional de su madre y la experiencia de la doctora Sasha y su equipo de trabajo, empezaban a ganarle la batalla a este enemigo mortal.
«Fue un golpe inesperado. Nunca pensamos que nuestro hogar sería visitado por la adversidad de esta manera. Pero también nos demostró lo fuerte que podíamos ser cuando todo parecía desmoronarse», enfatizó Cecilia Pinargote, madre de la menor, mientras una lágrima recorre su rostro al recordar.
En la actualidad según la American Society Of Clinical Oncology, 23,376 personas en todo el mundo murieron de linfoma de Hodgkin, Martha Laura Pinargote surge como una vida de esperanza, lucha interna, y un ejemplo de resiliencia hacia las adversidades que presenta esta incomprensible vida.
Martha Laura Pinargote, fue una de las tres pacientes con cáncer que sobrevivieron a la sala de UCI, del hospital Roberto Gilbert de Guayaquil en el año 2014, lo que la convierte en una verdadera triunfadora de la vida, demostrando que una buena atención medica y las ganas de vivir pueden vencer a este enemigo silencioso fuerte.





