Por, Ángel Rodolfo Macías Cantos
En la frontera entre Manta y Montecristi se erige la parroquia Leónidas Proaño, un rincón considerado uno de los barrios más desafiantes del cantón. No obstante, sus residentes se ven obligados a salir al ring de boxeo y enfrentarse a la pobreza e inseguridad.
En este tejido de esfuerzo y adversidad, Sonia Meza, residente del sector desde que estaba en el vientre de su madre, lamentó la pérdida de su empleo durante la pandemia debido a recortes de personal en la empresa donde trabajaba. “He emprendido diferentes negocios, como la venta de helados, bolos y hielo, con el objetivo de sacar adelante a sus dos hijos”, relató Meza, reflejando la resiliencia necesaria para enfrentar los desafíos económicos en Leónidas Proaño.
El comerciante, Ángel Cevallos, quien tiene su propia tienda, ha sido un fiel testigo de los bajos recursos económicos que presentan los moradores del sector, reveló que la mayoría de sus clientes prefieren irse por lo más barato, debido a la escasez generada por la pandemia, entendiendo completamente la difícil situación.
En este campo de batalla cotidiano, los residentes de Leónidas Proaño, sudan la gota gorda, donde día tras día, salen de sus hogares con la firme determinación de proveer para sus familias, enfrentándose a las duras jornadas laborales con el propósito de asegurar que a los más pequeños de sus hogares no les falte nada.





