Por: Ana Mirian Santana Murillo
En la ciudadela Pampas del Sol, un sombrío panorama se cierra sobre sus habitantes, quienes enfrentan un tormento incesante. Afirmaciones de aquellos que transitan por esta localidad sugieren que se encuentra en la esquina más lúgubre de su comunidad.
Flor Mendieta, una venerable dama de tercera edad, relata con desesperación los desafíos que enfrenta en relación con su salud. Ella atribuye sus complicaciones al nefasto reguero de desechos que asola la zona. Para Mendieta, clamar por atención ya no es una alternativa, sino una necesidad imperante.
Angélica Santos, otra habitante de Pampas del Sol, pinta un cuadro aún más desgarrador al describir la basura esparcida como un auténtico tormento. Su esperanza de ser escuchada y recibir asistencia se desvanece día a día, mientras el desorden de residuos persiste como un obstinado verdugo.
Las autoridades, hasta ahora sordas a las peticiones de sus ciudadanos, deben abordar este problema con urgencia, antes de que la situación alcance un punto de no retorno. La basura, cuál sombra implacable, se alza como un desafío que los moradores ya no pueden ignorar. La comunidad anhela una solución que los rescate de este martirio que parece no tener fin.





