Por: Adriana Cartagena
El canelazo manabita se destaca por su singularidad. Mientras que en otras regiones del país se prepara principalmente para combatir el frío, aquí se disfruta en cualquier época del año. Aunque esta bebida típica generalmente se asocia con las regiones de climas más fríos, en Manabí, la preparación y comercialización del canelazo han encontrado un hogar excepcional, un testimonio del ingenio y la adaptación de esta región ecuatoriana.
«El canelazo es una tradición que fluye en nuestras venas en Manabí. Como maestro canelazo, he estado preparando esta deliciosa bebida durante décadas. La clave está en la mezcla perfecta de aguardiente, naranjilla y especias. Cuando el caldero hierve y las fragancias se elevan, sé que estamos creando algo especial. Es un privilegio continuar esta tradición y ver cómo nuestra comunidad se reúne alrededor del canelazo en cada rincón de Manabí», puntualizo Sebastián Blanco con una botella de su producto en la mano.
La receta del canelazo es sencilla y su preparación es una celebración de sabores y aromas. El ingrediente estrella es el aguardiente, una bebida espirituosa que se mezcla con jugo de naranjilla, piña, azúcar, canela, clavo de olor y demás ingredientes propios y característicos de cada persona en su propia versión. Esta infusión se lleva al fuego, donde las especias liberan su fragancia y el azúcar se disuelve en una sinfonía de sabores. El canelazo, preparado en grandes calderos, se convierte en una oda al calor y de alegría.
«El canelazo manabita es más que una bebida; es un abrazo cálido de nuestra tierra. Lo disfruto en las noches frescas y en las cálidas. Cuando tomo un sorbo, siento que conecto con generaciones pasadas que también disfrutaron de esta delicia. Además, compartir un canelazo con amigos y familiares en la playa, en cada concierto es infaltable, en nuestras populares fiestas de los tres bancos por nuestras fiestas es lo mejor que puede haber aparte de una escapada de la realidad, es un ritual que nos une y nos hace sentir parte de una comunidad cálida y acogedora» confesó entre sonrisas Roberto Marin.





