Por Ángel Rodolfo Macías Cantos
Los cuidadores de autos se han convertido en una especie de “guardianes” de las calles de Manta, tomando posesión de zonas que originalmente estaban destinadas al estacionamiento de vehículos.
Los franeleros, como sombras que merodean las calles y estacionamientos, asumen la responsabilidad de velar por los autos a cambio de una modesta compensación. Sin embargo, su presencia a veces causa molestias a los conductores y, en ocasiones, se diluyen en el trasiego constante de la ciudad sin ser notados.
En una calle escasamente transitada, bajo el abrasador sol del atardecer, avanza a paso lento de un extremo a otro, con sus manos acariciando su rostro surcado de arrugas, su mirada perdida en el pavimento caliente, Ángel Martínez, un migrante venezolano que llegó a Ecuador hace medio año quien admite que, debido a la falta de oportunidades de empleo, se ha visto obligado a buscar alternativas para asegurar los ingresos necesarios que le permitan mantener a su familia día a día.
“Algunas personas no valoran lo que hacemos, no nos retribuyen, o sencillamente nos pasan por alto’’, admitió Martínez mientras su atención se centraba en la entrada y partidas de vehículos.
Por otro lado, Alfredo Hernández, como un incansable centinela, ha dedicado seis años a la tarea de velar por los vehículos en las calles circundantes a la Plaza Comercial de Tarqui y a lo largo de la jornada, permanece en estado de alerta constante, como un vigilante atento que observa y analiza minuciosamente.
Hernández destacó que son como piezas de ajedrez colocadas en el tablero por el Municipio de Manta y sujetas a la supervisión de la Policía Nacional. Siendo designados para patrullar áreas específicas. En caso de no cumplir con sus responsabilidades, se arriesgarán a enfrentar un «tiempo muerto» de quince días, en el que se ven impedidos de ejercer sus funciones regulares, como si fueran peones retirados del juego.
La misión de estos guardianes es garantizar que los autos se estacionen adecuadamente, mientras despliega su firme determinación para mantener a raya a cualquier persona sospechosa que se acerque a su dominio.





