Por Sabrina Valencia.
En el barrio San Juan de Manta aumenta la inseguridad. Los locales pequeños, como tiendas, farmacias, panaderías y licorerías, se ven afectados. Durante los últimos años, este lugar se ha visto perjudicado por robos y secuestros. Aunque hasta el momento no se ha confirmado si ciertos locales están siendo extorsionados, los habitantes viven con temor y están expuestos a cualquier situación desfavorable.

Eida Delgado, de 65 años, propietaria de una tienda de víveres, comenta, “antes este era un lugar seguro ahora, desde temprano, hay que cerrar las puertas y durante el día debemos estar alerta”. Expresa su preocupación con una mirada llena de temor ante la situación.
La inseguridad en este barrio es alarmante y se ha convertido en un problema serio. Un estudio indicó que el 16% de la población identificó la falta de control policial, señalando que “no hay un UPC”.
Saida Mero, de 36 años, trabaja desde hace cinco años en la farmacia Santa Martha. Afirma que la falta de seguridad se ha vuelto algo habitual y que rara vez pasa un patrullero de la Policía o de las Fuerzas Armadas. Además, menciona cómo esta problemática ha afectado las ventas del local, “ahora cierro a las 20h00, porque los robos ocurren a partir de esa hora. Aunque el negocio es más rentable en las noches, porque las personas llegan de trabajar, debo cerrar por mi seguridad. Esto me genera pérdidas de hasta 200 dólares por día”.
Por su parte, Eduardo Vélez, vicepresidente del barrio San Juan por más de 20 años, explica que existen dos factores que generan pérdidas. El primero es el económico, ya que si alguien invierte en un nuevo negocio, nadie puede asegurar que será rentable; y el segundo, la inseguridad.
Las personas evitan salir de noche, lo que reduce el número de compradores. De esta manera, algunos negocios pierden su clientela habitual y, en varios casos, terminan cerrando por completo. Vélez menciona, “varias personas me han dicho que por la inseguridad no salen a comprar ni a comer fuera; ahora prefieren quedarse en casa”.
Esto genera un círculo negativo: menos actividad, más abandono y, por ende, más delincuencia.
Actualmente, los habitantes del barrio San Juan viven con temor, incluso de hacer un llamado público ante la situación. Sin embargo, esperan que las autoridades competentes tomen cartas en el asunto. Confían en que, con una respuesta oportuna, la situación pueda mejorar, los negocios que han cerrado vuelvan a abrir sus puertas, se recuperen las ventas y la comunidad pueda trabajar nuevamente con normalidad.





