Por: Mayra Chilan
En las entrañas de Manta, específicamente en el barrio “La Ensenadita”, surge un eco persistente de descontento entre sus habitantes, ya que las calles, antes testigos silenciosos de la vitalidad urbana, ahora se convierten en protagonistas de un drama cotidiano. Donde los residentes de los distintos sectores de la zona expresan su frustración ante el creciente deterioro de la infraestructura vial, donde los baches se multiplican como cicatrices en el pavimento.
María Rodríguez, residente del barrio “La Ensenadita”, compartió su experiencia: «Cada día es una aventura salir de casa, los baches son como trampas ocultas, y es una suerte si logramos esquivarlos”.
Sin duda, sus calles se han convertido en un laberinto desafiante, donde cada paso es una travesía plagada de baches y grietas que desafían la paciencia de conductores y peatones por igual.
Por otro lado, Alexandra Tóala, quien vive en la zona y trabajo haciendo transporte en la mañana, declaró que «Es como si el barrio estuviese intentando comunicarse con nosotros a través de sus propias grietas», mientras esquivaba hábilmente un bache para que los niños los que lleva no se sientan incómodos y su auto no sufra daño tampoco.
Esta situación incesante tiene abrumado al barro “La Ensenadita”, donde en medio de esto, los ciudadanos del barrio continúan sorteando los obstáculos cotidianos, esperando que el laberinto de baches de la ciudad encuentre pronto la salida hacia una infraestructura vial más segura y funcional, además de que aguardan con expectativas la implementación de soluciones concretas.





