Por Mauricio Mendoza
En las carreteras que une Manabí con la región Sierra, se encuentra un verdadero paraíso para los amantes del dulce, una tienda de dulces típicos que se erige como un santuario de azúcar y tradición. Este mágico establecimiento, bautizado como «Las Delicias», invita a los visitantes a adentrarse en un mundo donde los sabores se entrelazan con la historia y la cultura.
Los bancos de madera crujen al momento de sentarse, revelando un universo de colores vibrantes y sabores embriagadores. Los estantes están rebosantes de dulces artesanales así como el agua de coco y los deseados granizados, cada uno es una pequeña obra maestra que cuenta la historia de un cantón, de una provincia y de un legado.. Aquí, los dulces no son solo golosinas, son la materialización del amor por las tradiciones y el respeto por los sabores auténticos.
La dueña Mirella Barcia exclama que, «soy una apasionada guardiana de las recetas ancestrales, recibo a mis visitantes con una sonrisa cálida y contagiosa». Ella es la arquitecta de este reino azucarado, la maestra de ceremonias que desvela los secretos de cada dulce y su arraigo en la cultura manabita.
«Es más que una tienda es un viaje en el tiempo a través del paladar donde los visitantes pueden degustar muestras de estas delicias, cerrando los ojos y dejándose llevar por la experiencia sensorial que ofrece la Dulcería Las Delicias», resalta Karen Cantos mientras tomaban agua de coco con su familia. Aunque el tiempo avanza y la modernidad se cierne, lugares como este nos recuerdan la importancia de preservar nuestras raíces y sabores autóctonos.
Las Delicias se erige como un faro de resistencia, celebrando la herencia gastronómica y compartiéndola con todo aquel que desee descubrir la dulce magia de lo auténtico.





