Por Deivis Sabando
En la tranquila ciudad de Manta, en la calle universitaria 8, un edificio destinado al alquiler de estudiantes se convirtió en el escenario de un inquietante incidente en horas de la madrugada. Dos ladrones, asaltaron a los arrendatarios, sembrando el terror de quienes descansaban en sus hogares. La penumbra nocturna se convirtió en aliada para estos delincuentes.
El ataque dejó a la mayoría de los inquilinos con una sensación de inseguridad y angustia, ya que los ladrones lograron llevarse consigo valiosas pertenencias. Este acto delictivo no solo dejó huellas tangibles en la pérdida material, sino también marcó a la comunidad estudiantil, con la inquietante realidad de la vulnerabilidad urbana que puede afectar incluso a los sitios considerados seguros.
“Fue horrible, me amenazaron constantemente para poder llevarse mis pertenencias y aunque me costó mucho adquirirlas sinceramente aprecio mucho más mi vida”, reveló María Figueroa, estudiante de finanzas, mientras sus ojos reflejaban tristeza mientras relataba el terrible suceso.
“Últimamente este barrio se ha convertido en una guarida de delincuentes, por las noches todos los negocios cierran lo más temprano posible para evitar ese desagradable momento”, aseveró Roxana Ríos, moradora del sector, mientras aseguraba las ventanas de su hogar.





