San Juan de Manta, donde el sol se levanta temprano, y con él, los pocos ganaderos que aún persisten en un oficio que parece extinguirse. La falta de vacas, el perdurar de los chivos y el sacrificio diario por sobrevivir reinician cada día un panorama en el que el ganado es más que un simple medio de vida: es una lucha constante por mantener la tradición y la economía familiar. En un lugar marcado por la escasez, la presencia de los perros, los chanchos y los pollos pareciera ser un retrato de lo que queda de una ganadería que un día fue próspera.
Ramón Delgado es uno de esos pocos que sigue manteniendo viva la ganadería en San Juan de Manta. A las siete de la mañana sale con sus chivos y, como todos los días, los cuida hasta las doce del mediodía. Lleva ocho años en este oficio y, aunque es consciente de los desafíos que enfrenta, sabe que su trabajo es vital para su familia. “Ya he vendido algunos. Aquí, al que viene a comprar, le vendo, depende del tamaño del chivo”, aseveró.

En cuanto a los pollos, aunque representan una fuente de ingreso más estable, tampoco son una solución a largo plazo. Son muchos los que intentan sacar provecho de este negocio, pero la competencia y la falta de recursos dificultan aún más las cosas. “Los pollos no dan tanto dinero. A veces los criamos para nuestro propio consumo”, enfatizó Ramón, mientras cuida a sus animalitos
San Juan enfrenta diversos desafíos, como las calles en mal estado, la acumulación de desechos y la creciente inseguridad. Entre las situaciones que preocupan a los vecinos está la presencia de perros sin dueño que recorren las calles en busca de comida entre la basura. Estos perros, que a menudo no tienen hogar, se han convertido en parte del paisaje del sector, generando algunas preocupaciones entre los habitantes. “Tengo que estar cuidando a los chivitos y a los pollos de los perros, porque ellos andan sueltos y pueden matarlos mientras están solos”, relató Delgado.
La venta de vacas ha sido perseverante en el sector. Virgilio Mero, vecino y visitante de la zona, comenta que, aunque el lugar sigue siendo hogar para unos pocos, las vacas han desaparecido totalmente. “Solo dos señores tienen vacas, el resto ya las vendieron. Algunos tienen chivos, otros pollos y chanchos. La gente ya no cría vacas como antes”, señala Virgilio, quien reside en el cantón Guayaquil y regresa a San Juan de Manta cada semana solo para limpiar su casa.
Santos Jorge comenta que ya no quedan vacas en la zona, excepto por un par de vecinos que todavía mantienen unos pocos animales. “La mayoría ha vendido sus vacas. Ahora lo que hay son pollos, cerdos, chivos e incluso un vecino que tiene un burro”, precisó.

El sector ha cambiado, pero la adaptación parece ser la clave de la supervivencia. La ganadería, en sus distintas formas, sigue siendo parte de la vida de los habitantes de San Juan de Manta, pero la economía de subsistencia se vuelve cada vez más difícil.





